La experiencia fue realmente un reto, la cárcel es un lugar que pocas veces se asiste pastoralmente, por lo cual, el hecho de entrar a este campo implicaba encontrarse con realidades muy fuertes, historias desgarradoras y personas hundidas en la desesperanza, el odio, el resentimiento y la soledad. Fue un encontrarse con falta de amor, pero también con corazones duros, que, por la cruda realidad de su historia, se resistía a creer en el amor de Dios. No era un terreno fácil para dejar la semilla de la buena nueva, cuando por su memoria y por su cuerpo resaltan las cicatrices de muertes, violaciones, robos, injusticias, venganza, miedo y olvido.
En efecto, ante esa dolorosa realidad, los frailes hicieron algunas actividades cortas de oración y alabanza para ir poco a poco congregándolos entorno al mensaje de Dios, ante las dinámicas realizadas, se pudo notar el interés de muchos, pero también el respeto de aquellos que no compartían o se negaban a aceptar el mensaje. Seguidamente, tuvieron un espacio donde los frailes hablaban de manera más personal con los presos, con el objetivo de escucharlos principalmente, pues muchos de ellos necesitaban desahogarse, necesitaban ser escuchados. En medio de esas conversaciones, los frailes pudieron notar la sed de Dios que hay en estas personas, que, a pesar de reconocer sus errores, confían en la misericordia y el perdón de Dios. Finalmente, los guardias les ayudaron a los frailes con la organización de los presos para la entrega de los utensilios de aseo personal, ese momento fue muy interesante al ver con cuánta gratitud, aprecio y valor recibían lo mucho o poco que se les entregaba.
En suma, esta experiencia pastoral tocó las fibras más íntimas de los frailes estudiantes, recordándoles el celo apostólico al ver tanta sed de Dios en estos hombres, fue un ejercicio pastoral que permitió una predicación bilateral, los frailes no solo dejaron un mensaje de esperanza, amor y misericordia a los presos, sino también los privados de la libertad les enseñaron a valorar la libertad, la familia, la salud y otras muchas bendiciones que Dios les regala, además, fue una experiencia gratificante donde se pudo tomar conciencia de la oración por el diálogo, la paz, el perdón y la reconciliación.