En la actualidad, se suele advertir que la actitud del consumismo se extrapola a las relaciones personales, ya que pareciera que desechar personas, como a cosas, fuera positivo para adquirir algo de más valor y novedoso. Esto, lleva a quienes piensan así a tener en la vida prioridades evanescentes. A diferencia de la actitud consumista en las relaciones, se deberían esforzar por cultivar, construir y fortalecer los lazos de cariño con todos, en especial con quien no tiene fuerzas porque las desgastaron para dar lo mejor y dejar un mundo más amable.
Ahora, confrontemos estos prejuicios, que algunos tienen, con lo vivido con nuestros abuelos: muchos decimos que hemos recibido cariño especial e indeleble que proviene de ellos. Hemos tenido la oportunidad de escuchar narraciones maravillosas y a veces fantásticas, expresiones de cariño cuando los visitamos, regalos, etc. Además, enseñanzas que únicamente pueden dar, con la tranquilidad y la paciencia, las vidas que saben continúan en los otros, la donación es total. Recordemos que cada ser humano, independiente de su condición, origen, edad, tiene un valor intrínseco que proviene del amor de Dios y, por lo tanto, merece respeto y misericordia.
Una mirada bíblica nos enseña la importancia de los adultos mayores. En el Antiguo Testamento aprendemos que Abram sale de los alrededores de Ur de Caldea a los 80 años con su mujer Sara y Lot, su sobrino. Hace un recorrido, impulsado por una promesa, de más o menos 2500 km sin saber a dónde iba. A esa edad también hizo un cambio de paradigma y dejó los dioses de sus padres, por el Dios que se le reveló y le invitó a seguirlo. Este Dios le promete una nueva tierra y hacen una alianza, por eso, le cambia el nombre a Abraham. En todo lo anterior, hay un punto fundacional de la Iglesia en sentido amplio y el nacimiento del pueblo elegido. A Abraham se remiten los judíos por antonomasia, los cristianos y los musulmanes, que suman unos cuatro mil millones de seres humanos, que ven en él, en un anciano, al Padre de la fe.
Por su parte, en el Nuevo Testamento, los primeros que predicaron a Jesús fueron unos ancianos, Simeón y Ana (Lc, 2, 25-38), nuevamente los ancianos toman un lugar preponderante, esta vez enseñando la salvación al pueblo al ver al niño Jesús. Dios reiteradamente actúa por medio de los que parece no tienen ningún valor a los ojos de los arrogantes. El Padre nos enseña, a través de la Revelación de estos pasajes, a desafiar las estructuras de injusticia, porque quienes predican no son los grandes conocedores de la Torá y los estudiosos, son en esta ocasión, los ancianos.
Tenemos entonces que en la Palabra de Dios nadie sobra y a los ancianos se les ha dado un papel fundamental en la historia de la salvación.
Ahora bien, sin entrar a analizar la vida de personajes más actuales, que alcanzaron sus mayores logros en esta etapa, nombremos alguno de ellos. Tenemos por ejemplo a Winston Churchill, quien llegó al poder en el Reino Unido a sus 66 años, Mario Vargas Llosa quien ganó el Premio Nobel de Literatura a sus 74 años o el famoso coronel Sanders que a sus 64 años creó una de las empresas más famosas de alimentos KFC. Los ancianos son una riqueza inmensa para todos. Por eso, en la sociedad colombiana tienen derechos especiales y se les debe cuidar como un tesoro irremplazable. Quizás, se está desaprovechando la oportunidad de adquirir la sabiduría de un mundo pasado que ellos han venido actualizando. Si se quiere aprovechar, es necesario hablar con ellos y estar dispuestos a desafiarnos a nosotros mismos para entrar en otros tiempos y quizás en otras dinámicas.