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Crónica 03

Parroquia Jesús, Buen Samaritano

|  agosto 02 de 2023  |

El 13 de mayo desde el convento de Santo Domingo de Bogotá salió el equipo “Sobre Pieles Vivas”, conformado por laicos y frailes estudiantes, rumbo a la Parroquia Jesús, Buen Samaritano; ubicada al sur de Bogotá en Altos de Cazucá, para dar cumplimento a su tercera misión. Estando allí el párroco fray Jhon Fernando Tigreros Carabalí, O.P, le dio la bienvenida a este nutrido grupo.  En la mañana de ese día el equipo “Sobre Pieles Vivas” en coordinación con la pastoral de la salud realizó una misión por el barrio Corinto, visitando y compartiendo la Palabra de Dios con los enfermos de la zona. Al medio día todos los misioneros se reunieron para tomar su almuerzo e intercambiar sus percepciones de la misión, hasta ese momento. En la tarde tuvo lugar un encuentro con el grupo parroquial de la Legión de María, dando cabida a la oración comunitaria, el canto de alabanza y las actividades de sano esparcimiento. La jornada finalizó con la satisfacción de haber cumplido el objetivo y con el compromiso de continuar llevando la predicación a más personas. 


Reflexión Teológica

Lugares de misericordia en la caridad

|  Por: Fray Ramiro Alexis Gutiérrez Corredor, O.P.  |

Hacer inmersión en lugares que nos invitan a la caridad nos presupone abrir nuestros sentidos espirituales para estar con Dios. Ponernos en camino para socorrer a quienes carecen del pan diario u otras carencias materiales, fijan en nosotros un desprendimiento, ponemos tiempo y recursos por dignificar la vida del necesitado con un mensaje evangélico, termina la jornada misional y ellos quedan en sus hogares con sus vientres llenos de pan y qué pasa con nosotros.

Con ese interrogante debemos indagar aquello que se provoca en nosotros cuando ofrecemos alimentos, escucha, Dios y tiempo. Directamente cubrimos una necesidad. Pero nuestra vida puede alimentarse de otros insumos y que estos espacios nos ubiquen dentro de una comunión con Dios por cumplir sus mandatos al realizar obras de misericordia. En rigor tomaremos dos rumbos para entender estas reciprocidades gestadas por una labor de llevar a Dios por medio del pan y las palabras, y encontrarlo en comunidades vulnerables.

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Ahora bien, movilizarnos de nuestros hogares hacia otros contextos nos puede asemejar a ese pueblo de Israel que busca llegar a la tierra prometida, que lleva sus existencias como ofrenda a la disposición del plan de salvación de Dios. Esa condición la vivimos cuando somos llevados desde nuestras vidas de creyentes hacia un lugar como Altos de Cazucá, un territorio donde deseamos ver a Dios y Él se presenta en forma de pobre, de hambriento y vulnerable. Rápidamente llegamos a ese encuentro y reconocemos como nuestra fe toma sentido. La praxis de nuestra fe toma vida proveemos al proveedor de la vida, viendo en la vida de los necesitados el rostro de Dios.

Asimismo, somos instrumentos de Dios para aquellos que sufren, nos ponemos en camino y nos donamos para acercarnos a una configuración más auténtica. Sin embargo, no solo nuestra misión es asistencial, en dar alimentos y saciar las precariedades de los necesitados. Si no, que cuando llegamos y entramos a los hogares nos reciben personas que dentro de su vida también existe Dios, en ellos se refleja esa presencia, la de Cristo pobre, vulnerable, sufriente, con sed sin estabilidad. En paralelo Cristo sufrió por cumplir la voluntad del Padre, pero los pobres sufren por sobrar dentro del sistema económico, político, social, etc. Donde las oportunidades son nulas, los contextos de pobreza son esas cruces que cada día les roban su dignidad. Allí hace presencia Dios en aquellos que las bienaventuranzas les promete el Reino de Dios. 

Finalmente, nuestra configuración con Cristo establece relaciones recíprocas que proponen una búsqueda y camino hacia Dios. Volver la mirada a contextos y lugares donde habita Dios nos pone en camino, posibilita desprendernos para construir el Reino de los Cielos. No cabe duda, que todos somos solícitos de la misericordia de Dios, los pobres son escuchados y auxiliados por nuestras manos. En nuestro caso, con nuestras manos socorremos a Dios que está presente en los necesitados y recibimos su misericordia. El ser misericordiosos nos promete la misericordia.


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