Ahora bien, movilizarnos de nuestros hogares hacia otros contextos nos puede asemejar a ese pueblo de Israel que busca llegar a la tierra prometida, que lleva sus existencias como ofrenda a la disposición del plan de salvación de Dios. Esa condición la vivimos cuando somos llevados desde nuestras vidas de creyentes hacia un lugar como Altos de Cazucá, un territorio donde deseamos ver a Dios y Él se presenta en forma de pobre, de hambriento y vulnerable. Rápidamente llegamos a ese encuentro y reconocemos como nuestra fe toma sentido. La praxis de nuestra fe toma vida proveemos al proveedor de la vida, viendo en la vida de los necesitados el rostro de Dios.
Asimismo, somos instrumentos de Dios para aquellos que sufren, nos ponemos en camino y nos donamos para acercarnos a una configuración más auténtica. Sin embargo, no solo nuestra misión es asistencial, en dar alimentos y saciar las precariedades de los necesitados. Si no, que cuando llegamos y entramos a los hogares nos reciben personas que dentro de su vida también existe Dios, en ellos se refleja esa presencia, la de Cristo pobre, vulnerable, sufriente, con sed sin estabilidad. En paralelo Cristo sufrió por cumplir la voluntad del Padre, pero los pobres sufren por sobrar dentro del sistema económico, político, social, etc. Donde las oportunidades son nulas, los contextos de pobreza son esas cruces que cada día les roban su dignidad. Allí hace presencia Dios en aquellos que las bienaventuranzas les promete el Reino de Dios.
Finalmente, nuestra configuración con Cristo establece relaciones recíprocas que proponen una búsqueda y camino hacia Dios. Volver la mirada a contextos y lugares donde habita Dios nos pone en camino, posibilita desprendernos para construir el Reino de los Cielos. No cabe duda, que todos somos solícitos de la misericordia de Dios, los pobres son escuchados y auxiliados por nuestras manos. En nuestro caso, con nuestras manos socorremos a Dios que está presente en los necesitados y recibimos su misericordia. El ser misericordiosos nos promete la misericordia.