Crónica 01
Lanzamiento “Sobre Pieles Vivas”
| junio 15 de 2023 |
En este día el apostolado social de "Sobre Pieles Vivas", se reúne con la comunidad que atendió al llamado de servir. Estas personas son laicos que desde su participación en las celebraciones dominicales se han visto cautivados a contribuir con su tiempo a las obras del apostolado. Asimismo, se realizó una exposición del trabajo anual que se proyecta para el 2023. Se finalizó con el compartir fraterno de una oración dinámica y un chocolate con pan.
Reflexión Teológica
El mensaje de la pobreza que pocos entienden, una interpretación a la luz de los signos de los tiempos
| Por: Fray Andres Eduardo Coronado Villalba, O.P. |
Hablar de pobreza en Colombia, uno de los países más ricos en recursos naturales y en potencial humano, es tan contradictorio como hablar de traición entre cristianos. De hecho, a Jesús lo traicionó uno de sus amigos más cercanos. Conscientes de que Jesús practicó la pobreza de una forma especial, revisemos algunas características de estos dos conceptos, pobreza y cristianismo, para después relacionarlos y determinar que la nueva noción que surge es uno de los fundamentos de todo seguidor de Cristo que le permite, entre otros, la total libertad en el pensar y el actuar. Además, la pobreza evangélica deshace las ataduras que limitan la plenitud del ser humano. De ahí, que Jesús será el derrotero en el desarrollo de lo que voy a exponer.
Tradicionalmente el concepto de pobreza suele abordarse únicamente desde el ámbito sociológico; es decir, se relaciona con un estado de necesidad o escasez. No obstante, existen otras perspectivas como la psicológica y la evangélica. Según Spicker (2009, p. 303) “la pobreza no es una condición única, fácilmente identificable, sino un conjunto fluctuante de situaciones”. En ese orden de ideas, y dadas las diversas perspectivas que pueden surgir, vamos a clasificarlas en pobreza externa e interna.
Pobreza externa: es la que afecta negativamente el bienestar material. En nuestro contexto colombiano, es muy fácil hablar de este tipo de pobreza, pues lamentablemente persiste una alta desigualdad socio-económica. En el pasado no parecía ser un problema relevante, pero con el tiempo empezó a ser una problemática central para los gobernantes en los niveles (nacional, regional y local) y sus causas son múltiples: el fenómeno de la corrupción, la tenencia de la tierra, la poca coordinación entre las entidades del Estado, el pago de la deuda externa, la economía informal, la falta de políticas públicas de mediano y largo plazo, entre otros asuntos locales como el conflicto armado y del narcotráfico, así como del rechazo al pobre y al migrante, tal como ha mostrado Cortina (2017) etc. Por muy graves y persistentes que sean estos factores, pueden ser superados con una alta dosis de concertación, de disciplina y sobre todo de participación de las comunidades en la búsqueda de soluciones de fondo a corto, mediano y largo alcance.
Pobreza interna: es la que afecta negativamente el desarrollo del ser humano en su área emocional y mental. Esta tiene una mayor relación con factores que dependen principalmente del individuo; por ejemplo, una baja motivación en alcanzar sus objetivos, la falta de un proyecto de vida, una autopercepción negativa de sus propias capacidades y tener una actitud pasiva o conformista ante la adversidad que limita la resolución de sus dificultades, conflictos o asuntos cotidianos. Una característica determinante de este tipo de pobreza, es la ausencia o escasa voluntad que se tiene frente a sus procesos de maduración y crecimiento personal. Lo anterior incluye su contexto más cercano como sus relaciones interpersonales, su actividad laboral, su formación académica y hasta el cuidado de su salud. A saber, este tipo de pobreza es posible cambiarlo en la medida en que se asuma y sea capaz de ejecutar actividades que pongan a prueba sus capacidades y su talento.
¿Cómo entendían la pobreza algunos filósofos?
Con lo antes expuesto se hace notorio que, en el diario vivir, casi nunca se alude a lo que hemos llamado pobreza interna. Concentrémonos pues en esa dimensión y para ello dejémonos iluminar por el pensamiento y por la forma de vida que a lo largo de la historia algunos filósofos han adoptado, al punto de que su estilo de vida, considerado como de pobreza externa, a ellos no los afecta y antes bien se compadecen de quienes piensan que son afortunados porque abundan en riquezas materiales.
Tal es el caso de Diógenes el Cínico (siglo IV a. C), quien despreciaba lo material ya que esto le esclavizaba e hizo de la pobreza material una virtud, pues para él ser sabio era ser autosuficiente y vivir conforme a la naturaleza y no sujeto a la convención social (Ferrater, 1994). Nuestro Diógenes era tan conocido que los grandes de su época escuchaban sus consejos y este los trataba sin mayor distinción, pues para él la importancia estaba más allá de lo exterior. Algo parecido sucedía con Epicteto en el siglo I de nuestra era, que, a pesar de ser un esclavo, su pensamiento lo hacía distinto y digno de admiración. De hecho, se sentía un hombre feliz pues era la razón, no la posición económica, la que determinaba su condición humana.
Filón de Alejandría nos da otra pauta de libertad. Este filósofo vivió en un contexto de esclavitud y ese hecho lo llevó a proponer una nueva concepción de libertad: la de la mente. Según Filón, muchas veces no tenemos influjo en lo externo y por ese motivo nos vemos en situaciones que no deseamos. No obstante, podemos dominar nuestra interioridad, nuestro ser, lo que nos permite ser libres al poder controlar los pensamientos, vicios, miedos y pasiones. Con la mente nos proponemos ser mejores personas, hacernos sabios, al punto de que ser libre es no hacer aquello en contra del juicio recto, de acuerdo con Filón (1966). De lo anterior deducimos que la libertad interior es más valiosa que la libertad física y esto explica que muchos que lo tienen todo materialmente, son esclavos de esos mismos bienes.
Tradición bíblica sobre la pobreza
En cuanto al cristianismo, la Revelación y la Tradición enseñan de la vida y de la obra de Jesús de Nazaret. Del Logos o Hijo se dice, teológicamente, que es la segunda Persona de la Trinidad encarnado en el seno de María, de lo cual se desprende una doble connotación. Primera, que el mismo Dios se despojó de su condición divina para hacerse humano y enseñarnos el camino de la salvación. Segunda, está la disponibilidad de María para aceptar los designios de Dios con humildad. Esta disposición de María es la de los anauim, los pobres de Yahvé en el Antiguo Testamento. De ellos, dice Gélin (1994 p. 56): “ese Israel permanente que vive de oración y esperanza. Esta actitud espiritual y escatológica lo define en su interior. Ese es el pueblo que está en tensión constante hacia Dios, es el pueblo amado por Dios […]”. Estos pobres de Yahvé son los que en los salmos claman a Dios por justicia y Él les responde (Sal 149, 4). Dios no se olvida de los humildes y María lo expresa en el cántico del Magníficat (Lc. 1, 46-55). En este sentido, la virgen María es modelo de pobreza, vista como disponibilidad, oración constante y esperanza puesta en Dios, he aquí el sentido de la pobreza evangélica, que se identifica con los niños, “si no se hacen como niños no entrarán en el Reino de los cielos”.
La pobreza en Jesús.
Por lo anterior, podríamos decir que Jesús de Nazaret fue heredero de la tradición hebrea semítica milenaria de los anauim. Su pobreza está en sintonía con la disposición y humildad ante los preceptos de Dios Padre. Si analizamos a fondo, Jesús contaba con medios y sus seguidores, un círculo grande en el que estaban mujeres prestantes, le aportaban económicamente. En este sentido, Cristo pobre se movía con libertad y con todos se sentía cómodo, ya fuera rey, noble, samaritano o mendigo, porque de todos se hacía prójimo. Él procuraba que nadie se sintiera excluido, realzó la dignidad de las mujeres, de los niños y de los enfermos y acogió a extranjeros y pecadores. Esto tiene una gran profundidad teológica, todos somos iguales a los ojos de Dios y si los bienes materiales son importantes, no son lo primero, ya que lo más relevante es la persona humana. Su dignidad no depende del dinero o la condición social, sino de la bondad de su corazón. Jesús, hombre libre, amó a cada uno con esa misma libertad y enfrentó a las autoridades y a los poderosos que cometían injusticias. Su actitud en nada se parece a la de los arrogantes y codiciosos que dan órdenes. Era su testimonio y su trato el que atraía hacia sí a todos.
Pobreza evangélica
Queda claro entonces que el cristiano no puede estar apegado a los bienes materiales, pues estos son solo un medio para alcanzar bienes mayores. La pobreza evangélica es cercana a la de los filósofos acá mencionados, pero enraizada en la dimensión espiritual. Ahora bien, la pobreza evangélica no es ni pobreza externa, ni interna, sino todo lo contrario: Jesús el pobre por excelencia nunca padeció hambre, Jesús y su entorno, incluida María, jamás carecieron de lo necesario, tal como menciona Ratzinger “La pobreza que Jesús declaró bienaventurada es aquella hecha a base de desprendimiento, de confianza en Dios, de sobriedad y disposición a compartir con otros” (1986, No. 66). Estamos llamados a socorrer a los que padecen necesidades, pero esto no basta. Primero debemos tener esa libertad de mente y corazón que nos pone en tensión constante hacia Dios, esa libertad de espíritu, al estilo de Jesús, que luego nos mueve a los actos externos y en tal sentido todos podemos vivir la pobreza evangélica. El punto de partida será la pobreza evangélica así entendida y el fin último la plenitud de la persona humana que más allá de la salud y el bienestar consiste en identificarnos como hermanos e hijos de Dios.
En conclusión, el término pobreza necesita ser redefinido; primero, para evitar cualquier reduccionismo; segundo, para superar el artificio de que es algo connatural al hombre, en el que unos siempre tienen más y controlan o utilizan a los que tienen menos; tercero, debemos diferenciar la pobreza evangélica de cualquier otro tipo de precariedad, pues la primera es una actitud interior que conduce a una conducta exterior y que permite vivir en constante acción de gracias y confiados en la providencia de Dios: sentirnos todos hermanos unos de otros y enfrentarnos a la vida como seres libres y capaces de conseguir la plenitud de la vida humana y aspirar felicidad en el Reino de Dios, que es tarea de todos, pero que sobre todo, gracia que oferta de Dios que sale a nuestro encuentro.
Referencias
Biblia de Jerusalén (2017) Bilbao: Desclée De Brouwer.
Cortina, A (2017) Aporofobia, el rechazo al pobre. Paidós.
Ferrater, J (1994) Diccionario de filosofía A-D. Editorial Ariel, S.A.
Filón. (1966). Todo hombre bueno es libre (2da Ed.). Aguilar Argentina S.A. Ediciones Buenos Aires.
Gélin, A. (1994). Los pobres de Yavé (1ra Ed.). Ediciones Cristianas de Azuay & Verbo Divino.
Ratzinger, J. (1986). Libertatis Conscientia, sobre libertad cristiana y liberación. https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19860322_freedom-liberation_sp.html
Spicker, P., Álvarez, S. y Gordon, D. (2009). Definiciones de pobreza: doce grupos de significados en Spicker, P. (1a Ed.), Pobreza: un glosario internacional (pp. 291-306). Colección CLACSO-CROP.
https://www.academia.edu/36299846/Pobreza_Un_glosario_internacional.
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