La misión en Casuca:
Una historia nacida del ímpetu juvenil
La misión en Casuca:
Una historia nacida del ímpetu juvenil
| septiembre 15 de 2026 | Por: Fr. Carlos Arturo Ortiz Vargas, O.P. |
La presencia dominicana al suroccidente de Bogotá, en el municipio de Soacha, ha sido de vital importancia para el servicio de evangelización de una Iglesia que opta también por los más necesitados y donde cada uno de estos hermanos hace una entrega generosa de amor y fraternidad para quienes buscan la presencia de Dios en sus vidas. Esta es una obra nacida del ímpetu juvenil de fray Rogelio Cano Marín y de su grupo de noviciado de 1986, que asumió esta labor con seriedad y dedicación como extensión de la pastoral del estudiantado del Convento de Santo Domingo de Bogotá.
Los orígenes de la misión en Casuca se remontan al año 1989, cuando los grupos subversivos del M−19 (Movimiento 19 de abril) y la UP (Unión Patriótica) decidieron dejar los fusiles y reincorporarse a la vida civil. Junto con algunos habitantes provenientes de zonas rurales que venían huyendo de la violencia, invadieron los cerros del sur, en la Localidad de Ciudad Bolívar, más exactamente en el barrio Villa Mercedes, donde se encuentra la actual Capilla de Nuestra Señora del Rosario y en el barrio San Francisco, sector al que llamaron Santo Domingo, en memoria del corregimiento del mismo nombre, en el municipio de Toribío, Cauca, lugar donde depusieron las armas. Toda esta zona fue denominada Casuca por la conformación de casas hechas de plástico, cartón, tejas de zinc y tela asfáltica. Tiempo después, este término evolucionó en la palabra Cazucá.
Para esta época, los frailes estudiantes dominicos realizaban cada dos años una misión de formandos en la parroquia El Buen Pastor del barrio Meissen, en Ciudad Bolívar y en unión con las Hermanas Dominicas Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús (dominicas alemanas), dirigidas por la hermana Vianey Link. Como fruto de este trabajo apostólico, fray Darío Herrera, fray Ramón Eduardo González Salazar, fray Ricardo Carvajal, y fray Rogelio Cano Marín, comenzaron a desarrollar un trabajo semanal en los barrios San Francisco y La Candelaria.
En esta acción pastoral, fray Ramón Eduardo encontró un asentamiento de personas muy pobres llamado Casuca e invitó a otros compañeros a trabajar en este lugar, como espacio ideal de apostolado. Su primer acercamiento a la gente del sector se realizó por medio de reuniones lúdico−pastorales con las que se fueron ganando el cariño y aprecio de la gente. Tales reuniones buscaban distensionar el ambiente político−conflictivo entre desmovilizados del M−19 y de la UP. Dicha mediación estuvo asesorada por fray José de Jesús Sedano González y se realizó en el Centro San Alberto Magno del Convento Santo Domingo de Bogotá, campo neutral para los dos bandos y lugar donde se pudo dialogar más tranquilamente con los líderes de la comunidad, sobre el futuro y desarrollo del sector.
Sin embargo, como algunas veces las mejores cosas tienen un final muy rápido, en 1990, los frailes estudiantes tuvieron que salir de la zona por amenazas contra su vida, ya que se decía que eran patrocinadores de la guerrilla. Además, el 26 de abril de dicho año, con la muerte de Carlos Pizarro Leongómez, candidato presidencial por el M−19, se caldearon más los ánimos y los enfrentamientos en el lugar.
Después de esta retirada, fray Darío Herrera pidió a fray Tito Belisario Murcia Florián, maestro de estudiantes en 1990, que nombrara a otro grupo de frailes de forma que se mantuviera la presencia de la Orden en aquel querido lugar. Fray Tito designó a los estudiantes fray Diego Orlando Serna Salazar y fray Jorge Ferdinando Rodríguez Ruiz, quienes más adelante compraron una casa prefabricada que sirvió por varios años como sede de la comunidad en el sector de Santo Domingo.
Para 1997 se unió al proyecto, fray Omar Alberto Sánchez Cubillos, hoy arzobispo de Popayán, quien vinculó a la Fundación Universitaria San Martín y al Club de Leones de Bogotá. Después de más de un año y de diversas actividades que se hicieron con las Universidades San Martín y Santo Tomás, se adquirió un lugar más amplio con la ayuda del Club de Leones y otros lotes cercanos para el otro gran sueño, la construcción de una ludoteca. Durante este periodo fueron muchas las acciones pastorales en Casuca, desde marchas, tareas de campo, asistencia alimentaria con los mercados recogidos y brigadas de salud con la San Martín, capacitación, vinculación de instituciones y universidades, presencia de ONG, primeras comuniones, matrimonios, Semanas Santas plenas, navidades colmadas de actividades y regalos. Todo esto en medio de la violencia que seguía circundando el sector y que los frailes tuvieron que afrontar.
Es importante resaltar que, gracias a las instituciones mencionadas se hizo una plazoleta para actos públicos y un salón comunal, que sirvieron como sede de las primeras misas del sector, ya que la eucaristía dominical no era habitual. Las celebraciones iniciaron con pocas personas en la casa prefabricada, pero la persistencia logró que poco a poco la comunidad se fuera acercando y muy pronto se requirió de más espacio. Aunque la casa se había adaptado para darle más amplitud, fue necesario otro lugar y por esta razón, fue arrendado un local donde operaba un billar.
Desde aquel entonces y hasta el año 2000 el apostolado que el Convento de Santo Domingo y el Estudiantado Dominicano realizó en Casuca estuvo bajo la coordinación de fray Ricardo Azael Escobar Delgado, fray Rogelio Cano Marín, y fray Carlos Arturo Díaz Rodríguez, este último, siendo síndico y conventual de Santo Domingo en Bogotá, gestionó la compra de los terrenos y comenzó las obras para la construcción de la capilla.
En el año 2002, fray Fredy Enrique Cano Henao, siendo director de pastoral, y con el apoyo de la Universidad Santo Tomás, instaló el comedor para adultos mayores y logró levantar las paredes del Centro Cultural y Religioso Nuestra Señora del Rosario, adjunto a la parroquia Luis María Grignion de Montfort, del barrio Quintanares de Soacha.
Para el año 2004, cuando se cumplían quince años de presencia evangelizadora en este sector de Soacha, los frailes seguían impartiendo catequesis para la primera comunión, la confirmación y las asambleas familiares, bajo la dirección de fray Luis Antonio Alfonso Vargas y el apoyo de la Universidad Santo Tomás en el trabajo con los abuelos, los talleres de tareas para los niños, la planeación del futuro templo y muchas otras actividades para el beneficio de la comunidad.
El 9 de octubre del mismo año, después de 24 años de presencia dominicana, el prior provincial de la Provincia de San Luis Bertrán de Colombia, fray Orlando Rueda Acevedo, presidió la celebración de la fiesta de la Provincia en la Diócesis de Soacha, con motivo de la fundación, erección e inauguración de la nueva Casa Fray Antonio de Montesinos, instituida canónicamente por el maestro de la Orden, fray Bruno Cadoré, mediante decreto emitido el 16 de septiembre de 2013. En dicha celebración se posesionó fray Fredy Enrique como su primer superior y quien estuvo asignado hasta el 15 de enero de 2015, con el apoyo de fray Néstor Reinaldo Rojas Higuera, fray Germán Buitrago Zuluaga y fray Jaime Rodríguez Rico.
Desde entonces, la Casa Fray Antonio de Montesinos ha sido acompañada por diferentes superiores quienes con su carisma y testimonio han sostenido, no solo la fe y la esperanza de una comunidad que le hace resistencia al olvido, sino también han construido espacios físicos para encuentros y celebraciones. Fray Fredy Enrique fue sucedido por fray Jorge Luis Villanueva Ángel, desde el 28 de enero de 2015 hasta el 18 de febrero de 2016; fray Eduardo Oviedo Veloza, desde el 1° de marzo de 2016 hasta el 17 de noviembre de 2017; fray Héctor Fabio Duque, desde el 5 de diciembre de 2017 hasta el 5 de febrero de 2019; fray Juan David Montes Flórez, desde el 1° de marzo de 2019 hasta enero de 2021; fray Iván Garzón Rojas, desde el 3 de febrero de 2021 hasta el 9 de marzo de 2023; y fray Miguel Guillermo Canedo Castro, desde el 16 de marzo de 2023 hasta el 2 de febrero de 2026. A partir del 4 de febrero de 2026, la casa ha estado bajo el liderazgo de fray Anderson Aguirre Sánchez.
El 9 de diciembre de 2015, tras una visita a la Curia Provincial, el obispo de Soacha, monseñor Daniel Caro Borda, propuso entregar a los frailes la Parroquia Jesús Buen Samaritano y así poder desempeñar una labor pastoral con mayor amplitud misionera en aquella zona. El Consejo de Provincia, en sesión celebrada el lunes 14 de diciembre de 2015 decidió por unanimidad recibir dicha parroquia por tres años ad experimentum, según lo permitido por las Constituciones. Años después, para el Capítulo Provincial celebrado en noviembre de 2018 en Chiquinquirá, y de acuerdo con el Estatuto de Provincia la decisión final de aceptación incluyó la firma de un convenio con la Diócesis de Soacha para recibirla canónicamente. En el año 2025, por sugerencia de los frailes, la diócesis cambió el nombre de la parroquia por el de Santo Domingo, que actualmente cuenta con tres capillas: Nuestra Señora del Rosario en el barrio Villa Mercedes, Corinto en el barrio Santa Viviana, y San Martín en el barrio Santo Domingo.
El 13 de septiembre de 2026, se inauguró la nueva Casa Fray Antonio de Montesinos, ubicada en el barrio El Espino, sector II, siendo superior y vicario parroquial fray Anderson Aguirre Sánchez; fray Jhon Fernando Tigreros Carabalí, párroco; fray José Eduardo Pardo Carrillo, síndico de la Casa y la Parroquia, y fray Daniel Yovani Sisa Niño, cronista.
La vida de los fieles de esta parroquia está enmarcada por condiciones sociales difíciles, pues han experimentado el flagelo de violencia y el olvido de las políticas de gobierno. De ahí que el enfoque del trabajo pastoral de los frailes dominicos es en cierta medida restablecer la dignidad de los habitantes del lugar, brindándoles un acompañamiento espiritual, el cual está enfocado a la resiliencia y la auto aceptación de ellos mismos, de tal manera que sean generadores de cambio y esperanza en sus entornos familiares y de comunidad.
El acompañamiento de la comunidad dominicana desde hace más de tres décadas en este sector ha generado una conciencia de progreso y de trabajo mancomunado con sus habitantes. Es por eso que hoy se cuenta con la Casa Fray Antonio de Montesinos, donde los frailes dominicos siguen apostándole a una evangelización por Cristo, en Cristo y para Cristo, en lugares donde la realidad de vida tanto humana como religiosa tiende a ser muy difícil. No obstante, las palabras del sermón de fray Antonio de Montesinos ¿Acaso estos no son hombres? siguen resonando y clamando por la dignidad humana de los habitantes de estos cerros.
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