Hace algunas semanas despedimos, en el Santuario Mariano Nacional a fr. Reinaldo Sánchez. O.P. agradeciendo a Dios por su vida, su vocación dominicana y su predicación especialmente desde el mundo del arte.
Ahora, luego de un par de meses, despedimos a otro hermano, que hizo su noviciado el mismo año que fr. Reinaldo, que vivió el mismo número de años en la Orden y que respondió de manera diferente a su llamado vocacional durante su larga vida como dominico. Fr. Ismael Aldana, O.P, a quién la comunidad de los frailes dominicos en Colombia reconoce y agradecen, la vocación del hermano cooperador que también es predicación, evangelización y testimonio del Evangelio.
Un hombre trabajador.
Fr. Ismael Aldana, O.P., provenía de una familia sencilla y trabajadora. Tenía el sentido de lo concreto y de lo práctico. Desde joven aprendió, además de las labores del campo, el oficio de panadero y se enroló en la Policía Nacional en los tiempos del recordado General Rojas Pinilla.
Y desde ese sentido de lo concreto y de lo práctico, sintió su llamado hacia la vida dominicana frecuentando la casa de la Reina y Patrona de Colombia, conociendo la labor de los hermanos cooperadores y decidió hacerse uno de ellos. Quienes conocieron a fr. Ismael, en sus años de trabajo, lo veían con su guayabera, al frente de las labores del convento, pendiente de la administración de las fincas que ayudan al sostenimiento de la comunidad, yendo y viniendo en busca de lo necesario. Tuvo claro que esa era su manera de ser fraile, de ser hermano, poniendo sus capacidades al servicio de una comunidad, sin buscar la visibilidad que dan otros oficios o ministerios, pero atendiendo con eficacia a las necesidades del día a día.
Fr. Ismael es un ejemplo de esos hermanos cooperadores trabajadores, constantes, tenaces que en muchos lugares y comunidades ayudaron a construir lo que es la presencia dominicana en Colombia.
Su servicio en el Santuario Mariano.
Fueron muchos los años que el hermano Ismael dedicó al servicio de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá y desde luego a la comunidad conventual de esta ciudad.
Las puertas del Santuario estaban abiertas desde las cuatro de la mañana, gracias a la laboriosidad de fr. Ismael para que entraran los peregrinos. Conocido de muchos en esta tierra natal, él fue como muchos hermanos cooperadores, ese fraile que desde el despacho o desde la sacristía era el primer rostro del Santuario que encontraban los peregrinos.
Su papel en la restauración de la Universidad Santo Tomás.
Muchos desconocen que el hermano Aldana, como era conocido, fue uno de los grandes colaboradores del padre Luis J Torres en la restauración del primer claustro universitario colombiano.
Desde la adecuación de la sede en la Calle 51 para su reapertura en 1965 y luego como Jefe de Servicios Generales y de la Editorial. También, gracias a su pericia como conductor y por ser hombre de confianza del rector, colaboró con el traslado de enseres para la apertura de la Sede de la Universidad en Bucaramanga.
Es importante recordar que las universidades no están hechas solo de profesores o de grandes intelectuales, las universidades como los santuarios, requieren de personas con sentido práctico y con fortaleza para el trabajo, que se pongan la frente de lo concreto, de las instalaciones, los muebles, los enseres. Un trabajo, no menos arduo y no menos importante, porque permite el bienestar de todos. Fr. Ismael, siendo dominico, vivió desde ese servicio su llamado vocacional.
La Provincia Dominicana de Colombia confía al amparo materno de la Reina de Colombia a este hijo suyo que sirvió durante tantos años en esta casa de los colombianos. Le pedimos que el ejemplo de su trabajo y dedicación anime a todos a cumplir con generosidad y constancia la misión que se le ha confiado a cada uno de los frailes de esta provincia.