«Un capítulo no se hace, no se realiza, no se ejecuta: un capítulo se celebra». Con estas palabras, fray Franklin Buitrago Rojas, O.P., abrió su homilía en la fiesta de Todos los Santos de la Orden de Predicadores. Una invitación a recordar que el Capítulo Provincial no es simplemente una reunión para tomar decisiones, sino una experiencia de fe, comunión y búsqueda comunitaria de la voluntad de Dios.
El predicador recordó que nuestra primera vocación es la santidad, pero una santidad concreta, que se expresa en el cuidado de la salud de los hermanos, la felicidad de vivir nuestra vocación, la reconciliación y la conversión personal y comunitaria. También dejó una imagen sugerente: la fe se transmite con el acento de la casa, y nosotros estamos llamados a vivir la santidad con acento dominicano. Por eso, invitó a no dejarnos llevar por intereses particulares, lógicas políticas o criterios puramente empresariales, sino a volver al carisma de santo Domingo.
Con este horizonte, los capitulares retomaron sus trabajos en el Convento de Santo Domingo de Bogotá. Después de una jornada dedicada a las elecciones, llegaba el momento de examinar las propuestas que orientarán el futuro de la Provincia. Bajo la presidencia de fray Osvaldo Murillo Lenis, O.P., se ofrecieron las indicaciones para el trabajo de las comisiones capitulares.
La tarea era exigente: convertir la escucha de los frailes en propuestas claras y pertinentes para el discernimiento del Capítulo. Para ello, las comisiones debían revisar los informes elaborados durante el proceso precapitular, contrastarlos con los aportes de las asambleas y tener presentes las solicitudes enviadas por los conventos y comunidades. El propósito era evitar que alguna preocupación significativa quedara olvidada.
Los hermanos se distribuyeron entonces en las comisiones de Consagración Religiosa; Formación y Estudios; Obras Apostólicas y Familia Dominicana; Economía y Administración, y Régimen y Estatutos. Los definidores elegidos el día anterior fueron asignados para acompañar sus trabajos. Por la amplitud de los asuntos apostólicos, se contempló también la posibilidad de organizar subcomisiones que facilitaran su estudio.
Durante la mañana, el trabajo se concentró en revisar las proposiciones, identificar coincidencias, reconocer asuntos pendientes y distinguir aquellos temas que requieren una reflexión más profunda. No se trataba de aprobar apresuradamente cuanto había llegado al Capítulo, sino de examinarlo con responsabilidad, respetando el camino recorrido y la voz de los hermanos que participaron en su preparación.
Las comisiones recibieron además la tarea de identificar los asuntos de mayor dificultad o relevancia para presentarlos en la plenaria prevista para el lunes. Sus propuestas deberán ser estudiadas posteriormente por el Capítulo, al que corresponde discernir y tomar las decisiones.
Así avanzó una jornada menos marcada por los grandes acontecimientos y más por el trabajo paciente que exige construir acuerdos. Después de escuchar, reflexionar y elegir, el Capítulo comenzó a dar forma a las orientaciones que podrían marcar los próximos años de nuestra vida provincial.
Al concluir la mañana, las palabras de la homilía encontraron eco en esta tarea: la renovación no consiste solamente en redactar nuevas disposiciones, sino en crear condiciones para vivir con mayor fidelidad nuestra vocación. Porque, como recordó fray Franklin, un Capítulo también nos invita a despojarnos de nuestros propios intereses y a renovar la profesión religiosa.
Quizá esa sea la mejor manera de celebrar este Capítulo: escucharnos como hermanos, buscar juntos la verdad y procurar que nuestras decisiones tengan, verdaderamente, el acento de santo Domingo.