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Hermanas de la Presentación: 150 años de caridad con calidad en Colombia

|  junio 21 de 2023 • Por: ÓSCAR ELIZALDE PRADA(*) - ESPECIAL PARA EL TIEMPO |

Salud, educación, promoción y humanización han sido su bandera con las comunidades y pueblos.

El día que llegaron a Bogotá las primeras seis Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación de la Santísima Virgen –más conocidas como Hermanas de la Presentación–, provenientes de Francia, el propio Presidente Manuel Murillo Toro fue quien salió a su encuentro en el Hospital San Juan de Dios. Ya había caído la noche de aquel sábado 21 de junio de 1873.

El momento fue registrado por una de las religiosas, Mère Pauline, de su puño y letra, al mejor estilo de los cronistas de la época: “la banda de música nos aguardaba… Echamos pie a tierra a 200 pasos del hospital. El Señor Presidente de la República fue quien nos dio la mano para bajar del coche. Lo acompañaban todos los médicos y señores de la administración. Estaba con ellos el cónsul de Francia. Un sacerdote se me acercó y me dijo en muy buen francés que venía de parte del señor arzobispo para darnos la bienvenida y anunciarnos la visita de Su Excelencia para el día siguiente… Por fin estamos en el Hospital. Una campana echada a vuelo anunciaba nuestra llegada”.

Siete semanas atrás habían partido de Tours (Francia), el 7 de mayo, atravesando el océano Atlántico a bordo de La Louisiana. Luego de arribar a Sabanilla (Atlántico), el 26 del mismo mes, tomaron el tren hasta Barranquilla, donde se embarcarían en El Colombia para continuar su travesía por el río Magdalena. Al llegar a Honda, el 5 de junio, continuaron el viaje a lomo de mula “por un camino tan escarpado que a nuestros caballos de Francia les sería imposible transitarlo”, como apostillaría Mère Pauline. El último tramo lo hicieron en automóvil desde Facatativá hasta la capital.

Hermanas de la Presentación ayudaron con el cuidado de los enfermeros y la enseñanza de la enfermería en el Hospital San Juan de Dios. 

Entrega sin reservas

Las religiosas que llegaron a Colombia hace 150 años traían consigo el ímpetu de su fundadora, Marie Poussepin (1653-1744) –beatificada por san Juan Pablo II en 1994–, quien a sus 30 años y con amplias prospectivas de éxito en la industria de tejidos en su natal Dourdan (Francia) –fungiendo como ‘emprendedora’ en la segunda mitad del XVII–, decide dejarlo todo en 1696 y entregarse sin reservas “al servicio de la caridad”, conformando una congregación religiosa “para instruir a las niñas y servir a los enfermos pobres”.

Esa generosa caridad permanecería en sus discípulas y, casi dos siglos después, llamó la atención de la Junta General de Beneficencia de Cundinamarca, representada por el cónsul de Colombia en Francia, Manuel Vélez Barrientos, adelantándose las gestiones para solicitarle a la Superiora General de la congregación, Mère Du Calvaire, que enviara Hermanas a Bogotá para la organización y administración del Hospital San Juan de Dios, el cuidado de los enfermeros y la enseñanza de la enfermería.

El papel de Mère Du Calvaire fue decisivo. “Era una mujer excepcional, intuitiva, innovadora, llena de amor a Dios y a sus hermanos, de una entrega sin límites, que supo escoger, animar, acompañar y sostener el ritmo y la calidad misionera y profesional de las seis primeras Hermanas enviadas en misión a Colombia, y de quienes vinieron a complementar el trabajo y a abrir nuevas rutas de servicio caritativo en diversos campos”, comenta la hermana Carmenza Avellaneda, de 87 años de edad, una de las ‘decanas’ de las Hermanas de la Presentación en Colombia.

Carmenza también reconoce el pionerismo de aquellas seis religiosas: Mère Pauline era de una abnegación sin límites y de gran sabiduría en la toma de decisiones, sobre todo las relacionadas con el Hospital San Juan de Dios. La hermana Marie Françoise fue la primera en preparar personal para enfermería. La hermana Gaëtan prestó servicios en las ambulancias durante la guerra civil y lideró varias fundaciones en Medellín. Lo mismo podría decirse de las hermanas Saint Paul, Emerence y Augustin Marie.

“Ellas vinieron para permanecer en la misión y ‘para vivir y morir en el ejercicio de la caridad’, como dice nuestra fórmula de consagración”, dice la hermana Carmenza.

Y así lo hicieron, superando las expectativas de los precursores de su venida y mereciendo el cariño, la admiración y el respeto de los colombianos. En una década crearon o asumieron obras emblemáticas como el Hospital San Juan de Dios (1873), el Hospicio o casa de refugio de Bogotá (1874), el Colegio La Presentación Centro (1875), el Hospital Militar de Bogotá (1876), el Hospital de Barranquilla (1876), el Colegio de Medellín (1876), el asilo del ‘Aserrío’ en Bogotá para enfermos mentales e indigentes (1880), el Hospital de Sogamoso (1881), y el de Neiva (1882).

Su vocación y forma de vida austera, consagrada y fraterna, como religiosas de ‘vida activa’, y no de clausura, como la mayoría de las congregaciones de la época, pronto llamaron la atención de muchas jóvenes que se animaron a seguir sus pasos. El 9 de febrero de 1875 se abrió el Noviciado en Bogotá, donde se prepararían las futuras Dominicas de la Presentación.

“Basta estudiar datos históricos de la presencia de la congregación en el país para constatar que estamos en todos los campos de servicio social, educativo y de salud”. 

Salud, educación y promoción

“Alabar, bendecir y predicar allí donde vamos, es aquello a lo cual nos impulsa nuestra espiritualidad dominicana, con niños, jóvenes, mujeres, familias, adultos mayores, grupos parroquiales”, comenta la hermana Pastora Marín Vásquez, Superiora de la Provincia de Bogotá, al subrayar que “curar, aliviar y acompañar a los enfermos en su recuperación, la educación, la promoción y la humanización son medios para la evangelización de nuestras comunidades, pueblos y sociedad”.

Por eso ha sido una constante en sus 150 años de historia en Colombia que, allí donde las Hermanas de la Presentación han fundado hospitales u obras para el cuidado de la salud, han promovido escuelas, colegios, orfelinatos, y diversas iniciativas sociales y de carácter pastoral, que dan cuenta de una perspectiva holística de la caridad, a favor del desarrollo humano integral con altos niveles de calidad.

“El legado de las Hermanas en Colombia es enorme”, acentúa la hermana Carmenza. “Basta estudiar datos históricos de la presencia de la congregación en el país para constatar que estamos en todos los campos de servicio social, educativo y de salud”.

Sus 67 años en la congregación y los múltiples liderazgos que ha ejercido, le confieren la autoridad suficiente para mencionar grandes hitos de este legado: “la permanencia en el Hospital San Juan de Dios durante más de 100 años, hasta su cierre; los servicios en muchos hospitales del país, como el San José, La Samaritana, La Misericordia, y San Carlos, con los pacientes aquejados de tuberculosis; el leprocomio de Agua de Dios; la labor realizada en dispensarios o puestos de salud en pueblos lejanos, como Nunchía y Támara, en Casanare; la presencia multifacética en el Chocó, Apartadó y Tibú”.

A esto se suma “la presencia en el asilo para mujeres indigentes Tres Esquinas, luego trasladado a Sibaté; en la cárcel de mujeres; en el servicio social de la Policía Nacional; en las Clínicas del Rosario y del Tesoro en Medellín, La Presentación en Manizales y, en Bogotá, la Clínica Palermo con 75 años de desarrollo científico y el compromiso por la humanización y por la vida”.

En las periferias

La hermana Carmenza cierra su elenco de obras en Colombia con una mención especial a la Universidad Católica de Manizales, fundada en 1954, y a las obras sociales en las periferias de las grandes ciudades, “como Altamira, Cazucá, Usminia y Bosa por citar solo las de Bogotá”.

También acota que “en tiempos de conflicto armado y violencia en muchos territorios de nuestro país, hemos tomado la decisión de permanecer pese a circunstancias a veces trágicas”.

La hermana Deisy Lorena Corredor, de 27 años, hace parte de la comunidad de Puerto Leguízamo y comparte su vida y misión con otras tres hermanas. Juntas lideran un centro de acogida y formación para 100 niños en peligro de desnutrición, y adelantan obras de evangelización en el ámbito educativo, misionero y catequético. “Nuestra presencia en estos territorios de la Amazonía, en un lugar caracterizado por su diversidad, no solo en fauna y flora, sino en sus diferentes culturas, donde el río es el que nos une, es la respuesta a una elección por las periferias, a ser una Iglesia en salida, una congregación que camina con y desde el pueblo”, manifiesta con entusiasmo la joven religiosa.

La hermana Pastora destaca otras fronteras geográficas y existenciales donde prevalece su audacia y la creatividad: “contamos, en el campo de la educación, con proyectos para jóvenes en situación de vulnerabilidad y para la superación de la drogadicción; menciono dos: uno en Buesaco (Nariño), y otro de Jóvenes escucha, en San Luis de Palenque (Casanare)”.

En el campo de la salud, la Superiora Provincial pone como ejemplo “las escuelas de enfermería donde se vinculan jóvenes de las veredas en Fusagasugá y en Tunja” y “los proyectos de medicina alternativa, en lugares donde se practica biomagnetismo, herbología y terapias diversas”.

La Clínica Palermo hace 75 años, el 21 de junio de 1948, abrió sus puertas como institución privada de origen canónico. 

75 años de la Clínica Palermo

En la rica historia sesquicentenaria de las Hermanas de la Presentación en Colombia, la Clínica Palermo merece un capítulo especial. Hace 75 años, el 21 de junio de 1948, abrió sus puertas como institución privada de origen canónico. Se trataba de una de las mayores apuestas por la modernización científica y la calidad de los servicios de salud de los bogotanos. Unas 80 hermanas se encargaron de organizar la atención de enfermería; su primer director científico fue el doctor José Vicente Huertas y su primera superiora fue Mère Saint Martin.


“Aquí nació media Bogotá”, afirmaba la Hna. Isabel Rivera Cortés cuando se celebraron las bodas de oro de la Clínica. Para la ocasión, el entonces Presidente Andrés Pastrana le otorgó la Cruz de Boyacá a la institución, y la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina la reconoció con la Gran Cruz, por la calidad de su servicio y sus aportes a la salud.

Fue en aquellos días, hace 25 años, que el Doctor Luis Eduardo Ortiz iniciaba sus labores en la Clínica que considera “pionera en la sistematización electrónica de la historia clínica en Colombia”. En su trayectoria ha sido Jefe Médico del Departamento de Urgencias –entre 2011 y 2022–, y Jefe Médico del Departamento de Servicios Ambulatorios y Consulta Externa –en la actualidad–. Sin embargo no olvida el riguroso proceso de selección que marcó su ingreso: “recuerdo que participaban simultáneamente las altas directivas y religiosas calificadas como las hermanas Clara Inés de Jesús, Flor Gladys Suárez y Alicia Eslava Blanco, quienes indagaban sobre los valores y motivaciones que como médicos jóvenes teníamos para trabajar en tan respetable entidad”. El Dr. Ortiz muy pronto percibió que en la Clínica Palermo la sensibilidad por la dimensión humana-caritativa no reñía con la calidad científica-profesional, y se sintió identificado con los principios de verdad, sencillez, humildad, y amor por el trabajo y por las personas más necesitadas que promulgan las hermanas.

“Han pasado 75 años de la fundación y muchas generaciones de médicos, enfermeras y profesionales de salud nos hemos esforzado, cada día, por contribuir a aliviar y mejorar las dolencias de la población colombiana”, comenta el médico, sin dejar de manifestar su admiración por las Hermanas de la Presentación: “en los momentos difíciles de cambios en el sistema de salud que amenazan la subsistencia de las instituciones asistenciales, de los cuales la Clínica Palermo no ha sido ajena, las hermanas han tomado decisiones que se adaptan a la época contemporánea con competitividad, lo cual ha permitido la continuidad del proyecto, sin perder de vista sus principios éticos y morales”.

Fuente de inspiración

La obra iniciada por Marie Poussepin hace 327 años ha sido y continúa siendo fuente de inspiración para muchos colombianos. Desde el reconocido pintor Fernando Botero, que en una de sus más emblemáticas pinturas, La monja, ha retratado el hábito que caracterizaba a las primeras hermanas que llegaron a Colombia.

Hasta los estudiantes que cada año se gradúan con gratitud, como es el caso de Juan José Hernández, quien cursa su último año en La Presentación Centro, en Bogotá, y señala la importancia de “los valores que se nos inculcan, así como lo que aprendemos en los espacios extracurriculares”. La celebración del día del idioma y del English day, la realización de retiros espirituales, los espacios de orientación profesional y el programa de inmersión universitaria, son algunas de las experiencias que el joven destaca.

¿Qué representa para las Hermanas de la Presentación estos 150 años de trayectoria y compromiso con el país? “Gratitud por el pasado, pasión en el presente y esperanza del futuro”, confiesa la hermana Pastora, citando al Papa Francisco. “Es, además, una oportunidad para reconocer la audacia y creatividad desplegada, desde 1873, con las seis primeras hermanas francesas que emprendieron un nuevo desafío misionero en tierras colombianas”.

Hoy son más de 1.600 Hermanas de la Presentación que viven su misión en cuatro continentes y en 36 países. En Colombia son 971 –¡más de la mitad!–, de las cuales 98 colaboran en diversas obras en Suramérica, América Central, Norteamérica, Europa y Asia. En el territorio nacional dirigen 12 instituciones de salud, 24 colegios, una universidad y alrededor de 40 obras sociales y parroquiales.

“Vivimos nuestro carisma donde nuestros hermanos nos necesitan y la Iglesia nos llama”, asegura la hermana Clara Pastora Espinel, de 57 años, al hacer un balance de sus dos primeros meses de servicio en Cuba. “Se aprende a confiar en Dios, y nos ponemos en sus manos pues solo somos instrumentos suyos, la misión es de Él”, sostiene con convicción, agregando que, de todas formas, “siempre es exigente atinarle a lo que Dios quiere: hacer su voluntad y no la nuestra”. Mientras gestiona medicamentos –que son muy escasos en la isla– para los cubanos más necesitados, la ilusiona ser testimonio de la caridad sin límites, “porque Dios quiere que todas las personas conozcan su amor”.

(*) Doctor en comunicación social. Consultor del Dicasterio para la Comunicación del Vaticano. 


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