(1/9) Dará a luz un hijo y le pondrá por nombre… HIJO DE DAVID

|  diciembre 16 DE 2019 • FRAY Iván Garzón Rojas, O. P.  |

Cada vez que hay un aguacero en Bogotá se va la energía en el convento, y de inmediato nuestro síndico empieza a llamar a la empresa de energía, para eso hay que tener el número de llamada y el sitio exacto a donde comunicarse; cada vez que falta la “luz” de inmediato llamamos a quien nos la puede restituir.

En el Evangelio hay un hombre al que se le fue la luz, Bartimeo (Lc  18, 35-43), vive las consecuencias de no tener la luz de sus ojos, por eso cuando sabe que hay quien se la pueda devolver de inmediato empieza a llamarlo: “Hijo de David, ten piedad de mí”.  Este ciego que vive la consecuencia del ‘apagón’ supo a quién llamar. Hoy valdría la pena tratar de entender por qué  el “Hijo de David” es el número correcto para que vuelva la luz. “Hijo de David”, porque David, el rey, fue quien los juntó a todos, cuando cada una de las tribus que constituían a Israel se creía la más importante y por tanto no se sentían en la obligación de juntarse con las otras, cuando eso sucede, todos terminan solos, ahí cuando todas las tribus apostaban por su soledad llegó el rey David, quien inspirado por Dios desde Jerusalén los invitó a volver, a juntarse, fue con David con quien por primera vez las doce tribus, los hermanos estuvieron juntos.

El ciego por ser ciego es excluido, nadie lo quiere cerca, pues su enfermedad es signo de impureza, solo un “hijo de David” lo volverá a la unidad, a sus hermanos. A Bartimeo se le fue la luz y hoy sabe quién se la restablecerá: el “Hijo de David”,  el vástago del tronco de Jesé (papá de David) (Is 11, 1-9). Cuando después de los aguaceros del mundo, de nuestra nación, de nuestra familia, se nos va la luz, en el anuncio de la buena nueva se nos da la señal exacta para restablecerla: el “HIJO DE DAVID”. El título que se le da al niño que está naciendo, es el título que indica lo que Dios quiere hacer con su Hijo y con sus hijos, juntarlos como hermanos, como Iglesia y una vez juntos unirnos al Padre, ahí vuelve la luz, la energía de Dios que rompe el frío, entrega el abrazo cálido,  perdona los hermanos, el niño mete la mano en la cueva de la serpiente.

En esta Navidad nace quien nos puede volver la luz, el que nos puede juntar a quienes dentro de nuestro egoísmo hemos roto con los hermanos, hoy nos ha nacido el salvador, el “hijo de David” y vuelve la unidad de los hermanos, la luz del mundo. Un mundo al que los aguaceros, los dolores, las guerras, la violencia, al que se le ha ido la luz, que se encuentra en medio de la ceguera, en esta navidad se nos promete que la Virgen “dará a luz un hijo y le pondrán por nombre  (Mt 1, 21): “HIJO DE DAVID”.

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