COMUNICADO A LA OPINIÓN PÚBLICA
Tender puentes para la reconciliación nacional mediante un diálogo amplio e incluyente en favor del bien común

|  MAyO 19 de 2021  |

Los frailes del Consejo de Provincia de la Comunidad Dominicana de Colombia y su Promotoría de Justicia y Paz, nos solidarizamos con nuestro pueblo colombiano frente a la situación de incertidumbre, dolor y desesperanza que está viviendo en los últimos días y, consecuentes con nuestros valores y principios evangélicos, cristianos y católicos, rechazamos categóricamente todos los actos de violencia que se vienen presentando en el país, sin importar las razones o motivos que los justifican.

Los hechos que en los últimos días han marcado la agenda nacional por el debate sobre la Reforma Tributaria y por otros asuntos de suma delicadeza y preocupación (reforma a la salud y al sistema pensional, desempleo, acceso y calidad de la educación, etc.), han atizado y exacerbado los ánimos de la población, especialmente de aquellos que son víctimas del empobrecimiento progresivo, agravado por la pandemia del Covid-19. Esta crítica situación exige de nosotros un pronunciamiento que nace desde las entrañas del Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia para apoyar y acompañar las diferentes propuestas de diálogo y concertación que muchos ciudadanos e instituciones, especialmente los jóvenes, reclaman con el fin de encontrar verdaderos caminos de justicia, paz y desarrollo integral para todos. 

Las palabras del Papa Francisco en su encíclica: “Fratelli Tutti” en las que manifiesta que las numerosas y diversas formas de injusticia que persisten en el mundo de hoy, son “nutridas por visiones antropológicas reductivas y por un modelo económico basado en las ganancias que no duda en explotar, descartar e incluso matar al hombre. Mientras una parte de la humanidad vive en opulencia, otra parte ve su propia dignidad desconocida, despreciada o pisoteada y sus derechos fundamentales ignorados o violados” (22), se convierten en inspiración para aquellos que tienen bajo sus hombros la difícil responsabilidad de adelantar los diálogos y de concretar e implementar acuerdos que nos permitan salir de la crisis. 

Haciendo eco del espíritu de fray Antonio de Montesinos, O.P., quien, en nombre de la comunidad dominicana el 21 de diciembre de 1511 en la Isla La Española (hoy República Dominicana) condenó las atrocidades de los encomenderos y conquistadores españoles contra los indígenas, queremos invitar a todos los colombianos a dejarse interpelar por el grito desgarrador de nuestro pueblo que sufre la condena de la marginación y la ignominia de una sociedad que excluye al que es diferente porque es de otra raza, orientación sexual, estrato social, pensamiento político, credo o simplemente porque no comparte las mismas ideas o ideales. La lógica de violencia que ha padecido nuestro país históricamente, evidencia la urgencia de un nuevo modelo de sociedad incluyente y justo, que con el aporte de todos reconstruya el tejido social de un pueblo que es capaz de comprender la necesidad y el sufrimiento del otro y dar la mano al que lo necesita. Infortunadamente nos hemos alejado de ese camino, herederos de una injusticia irracional, el egoísmo y el resentimiento causado por una historia convulsionada y trágica.

De acuerdo con lo anterior, nos unimos al clamor de muchos colombianos en torno a suscitar un diálogo amplio con todos los sectores de la sociedad sobre los verdaderos problemas que nos aquejan: La corrupción, los excesos en el gasto público, la pobreza, el desempleo, la inequidad de género, la persecución y asesinato de los líderes sociales, el desplazamiento y la desaparición forzada, el acceso, la calidad y la cobertura de la educación y la salud, la destrucción del medio ambiente, la polarización política, la evasión y la elusión fiscal, entre otros, y pedimos, como lo hacía la Conferencia Episcopal de Colombia hace unos meses: “Avanzar hacia la realización de un proyecto común de país en el que la dignidad humana sea reconocida y garantizada en todas las circunstancias, más allá́ de posiciones ideológicas o sectarias; en el que la política y la economía se pongan al servicio del bien común; en el que se disipe toda sombra de corrupción y haya oportunidades educativas y laborales para todos, primordialmente para los jóvenes (Comunicado a la opinión pública del 7 de febrero de 2020).

El futuro que anhelan las nuevas generaciones reclama alternativas tejidas con el esfuerzo y el sacrificio de todos, pero determinadas por el liderazgo ético de la clase política, la responsabilidad social y sustentable de los empresarios, el compromiso de los trabajadores, la riqueza de los relatos pluriétnicos que hacen parte sustancial de nuestra historia y cultura, el amor de las familias, la sabiduría de los mayores, la esperanza y el tesón de los jóvenes, la imaginación de los niños, la oración de los creyentes y el compromiso social y compasivo de la Iglesia. 

Estamos convencidos que el presente y el futuro por tejer, dependen de nosotros, de una paz construida a partir de las diferencias, de unos hilos de reconciliación que nos hermanan como colombianos, de un esfuerzo compartido por construir el país que soñamos y queremos, de un reconocimiento que supera la indiferencia, de un abrazo que se ofrece para alentar al caído, de una mirada que se encuentra con la profundidad del corazón del otro, en el cual palpita con fuerza el rostro de Dios. Como lo ha indicado El Papa Francisco, ciertamente nos sentimos frágiles y desorientados; “pero al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados juntos a remar”. (Bendición Urbi et Orbi, Roma, marzo de 2020).

Los exhortamos a que, en estos días marcados por el desconcierto, recordemos y valoremos lo bueno que se ha podido construir, pero sin perder de vista el camino por recorrer: La realización de una iniciativa compartida de nación en el que cada uno es pieza fundamental de este proyecto llamado Colombia.


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