La valentía que implica ser cristiano de verdad

|  noviembre 15 de 2020  |

¡Ser cristiano es sinónimo de valentía, y la valentía fortalece nuestra esperanza!

La Iglesia y la palabra de Dios muestran la acción del Señor que se hace viva en las vidas de los fieles y que, en últimas, siempre tienen una voz de esperanza, siendo conscientes que nos encontramos en actitud de peregrinación hacia la plenitud de nuestra existencia. Este sentido positivo y esperanzador de nuestro ser nos invita a tomar actitudes de solidaridad, de caridad, de testimonio en el amor y en la bondad para con las personas que se encuentran a nuestro lado.

Hoy leemos la parábola llamada “de los talentos”. Aquí el Señor deja ver que hemos sido dotados de una gran cantidad de capacidades que no pueden quedar en desuso, sino que deben dar frutos abundantes a nivel personal y también a nivel comunitario. Un cristiano debe saber y tener consciencia que ha sido dotado de capacidades excepcionales para dar testimonio, para llegar a la santidad, para ser bueno y para ser feliz. Desde lo más íntimo de nuestro ser hemos sido capacitados con los dones del Espíritu Santo. No debemos desconocer esta realidad, que nos invita a ser activos en la construcción de una vida mejor, una familia más unida y una comunidad más fortalecida.

Teniendo consciencia de las posibilidades dadas por Dios, es importante que nuestra actitud cristiana sea consecuente con todo lo que hemos recibido. Por esto, lo que Jesús condena en el evangelio no es tanto que el tercer siervo haya enterrado el talento que recibió (en últimas este hombre no cometió nada en contra de su señor), sino la actitud que tuvo de no poner en acción lo que recibió. Pero debemos ir más al fondo de la cuestión: podemos distinguir en la parábola el sentimiento que tuvo aquel siervo: la cobardía, el miedo, la inseguridad y la desconfianza.

Nuestra vida está colmada de retos, de oportunidades, de situaciones en las que debemos arriesgar nuestras propias seguridades para alcanzar los logros que buscamos. El miedo muchas veces paraliza nuestro ser porque no tenemos consciencia de nuestras propias capacidades y los dones que fueron dados por el Señor. Por ello a veces pensamos que no vamos a ser capaces, desistimos constantemente de nuestros proyectos, enterramos nuestros talentos y caemos en la cobardía. El miedo no es del todo malo, sirve para conocer nuestra debilidad, una vez que la conocemos es posible convertirla en fuerza. Pero ese temor paralizante, esa inseguridad y desconfianza con respecto a nuestras propias capacidades en muchos casos, se convierte en el punto de partida de la desidia, de la quietud, de la inactividad. En últimas, el miedo puede ser la cuota inicial de la pereza.

De manera que, en el contexto de la parábola de los talentos, la palabra clave que puede iluminar nuestra vida es la valentía, como actitud contraria al miedo paralizante y a la desconfianza en nuestras propias capacidades. Ser cristianos significa ser valientes para afrontar los compromisos de nuestro seguimiento al Señor, ser religiosos significa ser arriesgados al proyecto carismático de la orden o la comunidad a la cual pertenecemos, ser padre o madre de familia significa que se ha asumido la vida con la valentía de educar, de amar, de formar los hijos. Un trabajo indica que hemos sido valientes para asumir responsabilidades nuevas. Estudiar implica la confianza en las propias capacidades intelectuales, operativas y racionales para responder con eficacia a los nuevos conocimientos que se van adquiriendo. La actitud de valentía la vemos muy encarnada en las series, en las películas y en las obras literarias que nos gustan tanto en donde los personajes no se rinden a pesar de estar en la peor de las situaciones. La Biblia está llena de valientes; los santos han sido los baluartes del esfuerzo, ellos han asumido en sus vidas, a pesar de las dificultades, el reto de ser cristianos de verdad, con todo lo que ello implica a nivel social, personal, familiar, comunitario, etc.

En tiempos como los que vivimos actualmente, la certeza de los dones dados por Dios, la actitud de valentía ante los retos, la confianza en que somos capaces de muchas cosas maravillosas, nos lleva a la alegría de vivir la existencia en la esperanza de la felicidad, en que vendrán tiempos mejores y que nosotros hacemos parte de la construcción de un presente más pleno.


Imagen tomada de: https://focus.cathopic.com/images/2020/03/cathopic_148760619968606-1.jpg


Fray Fabián Leonardo Rueda Rueda, O.P.

  • Licenciado en Filosofía, Pensamiento Político y Económico.
  • Tercer año de Teología.
  • Cursa sexto semestre de Teología en la Universidad Santo Tomás.

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