Cuaresma: consciencia bautismal de la salvación que se construye cada día

|  febrero 21 de 2021  |

¿Renuncias a creerte y sentirte convertido definitivamente?

Nos encontramos en el primer Domingo de este tiempo de Cuaresma. La Iglesia nos invita a reflexionar, desde el Miércoles de Ceniza, sobre nuestro compromiso cristiano y nuestra realidad bautismal. Este es un tiempo muy especial para nuestros hermanos que se preparan para recibir el bautismo en la Vigilia Pascual: los catecúmenos. Ellos emprenden un recorrido cuaresmal de fundamentación en la fe y en los valores del Evangelio dentro de la Iglesia, de la cual formarán parte gozosamente desde la Pascua.

El mensaje de la Palabra de Dios que escuchamos en el evangelio de Marcos, nos hace ver que Jesús vive una experiencia en el desierto que se orienta a la acción de la predicación. El mismo evangelista no explicita el contenido del mensaje: “se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Conviértanse y crean en la Buena Noticia de la salvación”. El cambio de vida es siempre un camino progresivo; ser cristiano también es ser conscientes de nuestra condición humana que siempre tiende al crecimiento, al mejoramiento y la fundamentación constante de la existencia.

Desde esta misma perspectiva, las lecturas que se proclaman nos invitan a reflexionar sobre nuestra vivencia cotidiana y constante del bautismo. Los primeros cristianos vieron en la figura del Diluvio un fundamento claro para hablar del bautismo, como punto de partida para un cambio de vida en el creyente, después de haber creído. Noé y su familia, junto con la creación entera, han recibido el baño purificador de las aguas y ahora emprenden una vivencia de Alianza con el Señor que, en últimas, conduce a la felicidad, cerca de Dios.

Para nosotros los seguidores de Cristo, el bautismo se fundamenta en la cruz, la resurrección y la consecución del misterio pascual en la vida de cada creyente, no como una fórmula mágica e instantánea de salvación, sino como un punto de partida para emprender una vida nueva en Cristo, una historia que conduce al creyente hacia la felicidad.

El rito del bautismo presenta una serie de renuncias, dentro de las cuales hay una particular que nos lleva a pensar en este sacramento no como un acontecimiento acabado y terminado, sino como el inicio de un maravilloso camino de crecimiento en orden a la felicidad: se trata de la renuncia a creerse convertido definitivamente. Nuestra existencia, las dinámicas de la creación, la educación, el crecimiento humano, la ciencia y todas las realidades que tenemos a nuestro alrededor nos hablan de procesos, evolución, camino, peregrinación.

En ocasiones, los cristianos podemos caer en la tentación de sentirnos salvados y formados completamente, lo cual nos impulsa a actitudes de desprecio y rechazo hacia los que piensan diferente. La cuaresma invita a pensar que continuamos construyendo la vivencia cristiana en nuestra vida y que nuestra forma de ver el cristianismo no es la única que existe. En pocas palabras, nosotros no somos cristianos, estamos siempre en el proceso de serlo.

La convicción de crecimiento cristiano se manifiesta en hechos concretos que resumen muchos elementos propios de los valores evangélicos: una constante relación con Dios, la actitud de cercanía con las personas que necesitan apoyo material y espiritual y la constante revisión de las propias actitudes para el crecimiento personal. En suma, se trata de potencializar y fortalecer las relaciones vitales del ser humano: con Dios, con los demás, con la creación y consigo mismo. Todo esto tiene un objetivo concreto: la felicidad.

La misma liturgia de la Eucaristía nos recuerda que la conversión cristiana se constituye en una dinámica que integra todas las dimensiones de nuestro ser. En efecto, la Oración Colecta de la Misa de hoy (primer Domingo de Cuaresma) insiste en que las prácticas anuales de la Cuaresma no son fines en sí mismas para alcanzar algún tipo de privilegio divino, sino que son medios que nos ayudan a progresar en el conocimiento de los misterios de Cristo. Esta consciencia de los bienes de la salvación son los que nos siguen ayudando a caminar, a crecer, a progresar en el camino de nuestro compromiso cristiano. Todo esto nos ayudaría a ser mejores personas, en medio de una conducta digna para acercarnos cada vez más a Dios, en quien encontramos la felicidad. El Espíritu Santo anima constantemente este recorrido y alegra cotidianamente nuestra vida.


Imagen tomada de: https://viajes.nationalgeographic.com.es/z/camino-de-santiago/fotos


Fray Fabián Leonardo Rueda Rueda, O.P.

  • Licenciado en Filosofía, Pensamiento Político y Económico.
  • Cursa séptimo semestre de Teología en la Universidad Santo Tomás.

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