UNA VIDA EN PERENNE OFRECIMIENTO A DIOS
FRAY DUVÁN FERNEY LETRADO SOTOMONTE, O.P.
(Marzo 21 de 1998 – Noviembre 29 de 2020)

|  Convento santo domingo, 03 de diciembre de 2020  | Por: Fray José Ángel Vidal Esquivia, O.P. | 

En la “Tierra mil veces dichosa” donde la Madre de Dios quiso manifestarse, nació Duván Ferney Letrado Sotomonte el 21 de marzo de 1998, en el hogar cristiano de don Pedro Pablo Letrado y doña Elvira Sotomonte. Siendo el cuarto entre sus hermanos: Marta Isabel, Jefferson Alejandro, Leidy Marcela y Michael Steven.

Desde niño se sintió dispuesto a servir a Dios. Durante su infancia en Chiquinquirá creció en medio de la vida dominicana, acompañado por los frailes dominicos, pero de manera especial, protegido por el amor inconmensurable de la Reina y Madre, Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, quien con su mirada le mostró el camino a seguir en pos de su hijo Jesús. A la edad de nueve años, durante una visita de fray Carlos Aspiroz Costa, maestro de la Orden, a Chiquinquirá, Duván decidió acercarse a la sede desde donde el Maestro se encontraba presidiendo la celebración Eucarística y decidió manifestarle su deseo de ser dominico, a lo que fr. Aspiroz, con su entonado acento argentino, como lo narraba Duván, le contestó: “Si Dios lo quiere, así será”.

Duván realizó los estudios de primaria en el Instituto Técnico Industrial Julio Flórez de Chiquinquirá. Inició su formación secundaria en el Colegio de Nuestra Señora de Nazareth, pero luego se trasladó a Bogotá, y allí continuó con sus estudios en el Colegio Bosanova School donde se diplomó como bachiller académico. Durante su tiempo como estudiante, a sus escasos catorce años, trabajó como sacristán de la Parroquia del Señor de los Milagros de Bosa.

Terminados sus estudios secundarios, ingresó al prenoviciado dominicano en el convento de Tunja, siendo su maestro, fr. Fernando Mancipe, O.P. en el 2016, año en el que la Orden de Predicadores celebraba ocho siglos de haber sido fundada por el patriarca Domingo de Guzmán.

Recibió el hábito dominicano a los pies de la Rosa del Cielo, de manos de fr. Said León Amaya, O.P. el 11 de febrero de 2017, junto con sus otros hermanos de noviciado: fr. Fabián Rueda, fr. Cristian Becerra, fr. Daniel Mesa, fr. Alejandro Rendón, fr. Pablo Castillo, fr. José Yagual, fr. Santiago Israel y fr. Tito Rivera y bajo la orientación de fr. Duberney Rodas Grajales, O.P. como maestro de novicios. Terminado su año de noviciado en el convento dominicano de Chiquinquirá, emitió su primera profesión, junto con fr. Fabián Rueda el 2 de febrero de 2018 y fue asignado al Convento de Santo Domingo de Bogotá para iniciar sus estudios de Filosofía, siendo sus maestros fr. Iván Garzón Rojas, O.P. y fr. Franklin Buitrago Rojas, O.P.

Fr. Duván vivió su seguimiento de Jesús bajo el carisma dominicano con suma alegría. Su amor por la Sagrada Liturgia hizo que toda su vida fuese un continuo ofrecimiento a Dios al modo como celebran los frailes dominicos la Liturgia diaria: pulchra, breviter et succincter. El silencio fue su padre (Silentium pater praedicatorum), ayudándolo a salvaguardar toda observancia regular y su atmosfera de estudio; como lo manifiesta su profesor Carlos Alberto Cárdenas: Había tomado en serio el carisma de la Orden de Predicadores. Cuando cursó conmigo el seminario Tomás de Aquino, las clases con él no terminaban en el aula. Nos encontrábamos en la biblioteca o en los pasillos del Convento Santo Domingo y comentábamos sobre sus últimas lecturas... además de encuentros por WhatsApp y largas llamadas telefónicas...

Su fraternidad y serenidad hacían que sus hermanos de comunidad se acercasen bajo cualquier pretexto con el único fin de escuchar sus reflexiones sensatas, que en la mayoría de ocasiones hacían que más de uno replanteara su manera de ver esta o aquella circunstancia. Qué decir de su rectitud y creatividad, a pesar de su poca expresividad, fr. Duván procuraba siempre responder de la manera más ingeniosa a las situaciones propias de la comunidad, sobre todo a aquellas que se encontraban bajo su cuidado. Basta con recordar su último oficio como cantor del estudiantado, puesto que con la sencillez y asertividad que le caracterizaban, preparaba de modo eficaz todo lo concerniente a las celebraciones propias de la comunidad. Su oficio como cantor requería realizar constantes correcciones a los coristas con miras al decoro de la Liturgia, lo cual fr. Duván realizaba de la manera más evangélica posible, procurando el diálogo y la disposición del otro a aceptar la corrección.

En su asignación pastoral en la sacristía del Templo de Santo Domingo, Cazuca y el Colegio Jordán de Sajonia, con su trabajo en la pastoral del colegio, en la catequesis, en la docencia y en el acompañamiento a los jóvenes en el servicio social, resaltó por su esmero y dedicación, por su capacidad de trabajar en comunidad, por su relación afable y respetuosa para con aquellos a quienes debía hablarles de Dios y de quienes con Dios hablaba durante sus caminatas nocturnas por el templo y los pasillos del convento.

Fr. Duván fue un apasionado por todo lo concerniente al espacio sideral. Su afán de conocer lo que se encuentra más allá de la atmósfera terrestre develaba el amor entrañable por descubrir a Dios en cada parte del cosmos, por ver en toda la creación la bondad del Creador. Esa misma bondad y misericordia en la cual fr. Duván confiaba ciegamente. Es así como, luego de manifestar su fe inquebrantable en Dios eternamente misericordioso, y al cual durante su vida anheló ver cara a cara, parte prematuramente a su encuentro el 29 de noviembre del 2020, dejando en toda la comunidad dominicana, en su familia, amigos y conocidos, una huella imborrable. Sus exequias se realizaron en el templo Santo Domingo y su cuerpo reposa en el mausoleo de la Benemérita Orden de Predicadores en el Cementerio central de la capital de la República.

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