La expresión “Reunidos en comunión” caracteriza con cierta particularidad el Canon romano o I plegaria Eucarística del Misal Romano, con la que se aconseja ofrecer al Padre la ofrenda de su Hijo en algunas celebraciones que manifiestan de forma más clara la fe de la Iglesia y su modus vivendi (Jueves Santo, Vigilia Pascual, Navidad y otras). Más que una frase es la dimensión en la que se hace presente la Iglesia entera en torno a Cristo que es su cabeza, su principio y fin.

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“Reunidos en comunión” es la manifestación universal de que todos los miembros de la Iglesia, celestes y terrestres, sujetos al tiempo o vinculados ya a la eternidad, participamos de la unidad que Cristo ha cimentado en Él mismo. Se trata de una comunión que se eleva más allá de las diferencias meramente espacio-temporales. Y la Orden de Predicadores encarnada en la totalidad de la Familia Dominicana, se sabe dentro de esta unidad y puede ver en ella el ejemplo para su estructura interna.

Los gestos con los que Santo Domingo renueva el carisma de la predicación dentro de la Iglesia dan cuenta de un espíritu familiar, que compartía con las mujeres consagradas de Prulla, posteriormente con sus primeros religiosos, e incluso, con los que escuchaban sus predicaciones. Esto nos sugiere ya el espíritu de comunión que engendra la predicación apostólica de Domingo, y por tanto los herederos de este carisma: la Familia Dominicana. Sin embargo, esta comunión entre nosotros tiene una identidad que siempre es necesario recordarla para mejor vivirla.


La predicación de la Familia Dominicana tiene que ver con la Verdad, con tenerla en los labios y anunciarla con las palabras. Sin embargo, la naturaleza de la Verdad que predicamos no se agota en el lenguaje hablado, sino que es ante todo experiencia que involucra la voluntad, la vida misma de quien se relaciona con Ella. No olvidemos que la Verdad, para el predicador o predicadora, es Cristo mismo, y antes que una definición es una Persona, antes que formularlo se trata de relacionarnos con Él.

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De aquí procede la exigencia de la vida que configura la Familia Dominicana. Empezamos predicando viviendo juntos y transparentando los sentimientos de Cristo (Flp 2,5), como la vida de los Apóstoles (Hch 2, 44-47. 4,32), la misma que Domingo tiene en mente cuando piensa en el carisma de la Predicación.

La Familia Dominicana entonces ha de seguir el sendero de los apóstoles, testimoniar su vida fraterna con la claridad de las obras.


Sabemos que la Familia Dominicana encuentra su identidad en el carisma de la Predicación que Domingo inspiró de forma renovada en la Iglesia. No obstante, aun cuando cada miembro predique según la vocación a la que haya sido llamado, hace falta el vínculo de predicación conjunta, a manera de ministerio comunitario y no individual. Estando al servicio de la Iglesia, la predicación de los dominicos y dominicas tendrá mayor efectividad si crean canales comunes de predicación.

 

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La comunidad en la Orden se entiende precisamente a partir de la comunión de fuerzas para un mismo fin, es una complementariedad de carismas particulares (por eso la obediencia es el compromiso que asegura ese objetivo), y tal debe ser el aporte de una Familia como la nuestra a un carisma que exige ser siempre sal y luz del mundo. El reproche de San Pio X, según Turcotte, O.P. (1961), también podría ser aplicado para nosotros, laicos, religiosos y religiosas OP: “Los Apóstoles eran doce, y conquistaron el mundo; nosotros somos 350.000, y el mundo se nos escapa.”

Predicar juntos para un mismo fin no impide de ninguna manera mantener la identidad particular de cada rama de la Familia Dominicana. Ni los jóvenes del MJD parecerán religiosos ni los frailes emularemos a las hermanas o a las monjas, “Cada una (rama de la Familia Dominicana) tiene su carácter propio, su autonomía. Sin embargo, todas participan del carisma de Santo Domingo, comparten entre ellas una vocación única de ser predicadores en la Iglesia” (Capítulo de México, 1992). Evitamos la uniformidad para tender hacia la unidad en la diversidad. Pero esa unidad tiene que concretarse también en los medios de predicación.



"Predicar siempre, en todas partes y en todos los sentidos"

Santo Domingo de Guzmán

En el sitio web oficial de los dominicos colombianos, queremos llevar a cabo la misión de Domingo: el deseo de proclamar valientemente a Dios, de construir la vida comunitaria y de buscar la verdad en el mundo.

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¿Y si digo sí a este estilo de vida? La Orden de Predicadores, orden apostólica, se dedica a conocer, contemplar el mensaje revelado para luego trasmitirlo a los demás.

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