Mensaje del Provincial a Todos los Frailes de la Provincia de San Luis Bertrán de Colombia

Con Motivo de la Fiesta de San Luis Bertrán

El imperativo más poderoso de Jesús “Id y predicad”: Los pies de San Luis Bertrán cruzaron los mares hasta nuestras tierras de América. En esta fiesta de nuestra amada Provincia, que lleva el nombre de tan importante predicador y misionero, quisiera enviar un saludo muy especial a la familia dominicana, en especial a cada fraile llamado a testimoniar el nombre de Cristo. Esta carta, que escribo como Provincial al finalizar el cuatrienio, lo hago con estas sencillas líneas para agradecer la oportunidad que me han dado de servir a la comunidad, pido la gracia del amor de Cristo sobre cada uno de ustedes y pido humildemente oración por el Capítulo Provincial que se realizará en pocos días, a los pies de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá.

En la celebración de San Luis Bertrán, la liturgia en la Orden de Predicadores nos propone entre sus opciones el Evangelio de San Marcos en el capítulo 16, 15-18. Quisiera resaltar algunas ideas de este hermoso pasaje para celebrar la fiesta del patrono de nuestra Provincia de Colombia, a modo de invitación desde el Evangelio y desde el compromiso que tenemos como religiosos:

1. El imperativo misionero más poderoso de Jesús: Id y predicad... Jesús envía a sus discípulos a predicar por todo el mundo; su misión es universal y quiere llegar a cada rincón y lugar de la tierra. El Evangelio ha sido proclamado para que corra de boca en boca, para que sea anunciado a los cuatro vientos en todo tiempo y lugar, para que lleve vida y luz a la humanidad necesitada. Los discípulos han recibido de Jesús la gracia de predicar sin amedrentarse por los obstáculos, ni por la dureza de los caminos, ni por lo largo de los viajes, ni por los ataques de las fuerzas del mal que quieren encarcelar el Evangelio. Jesús es el que hace posible que todo se realice con su poder. Allí donde hay tristeza y dolor, las palabras de Cristo tienen una voz de esperanza porque es la acción de Dios que se hace hombre para rescatar y salvar lo que está perdido.

La potente palabra de Cristo “Id y proclamad”, resonó en los oídos de San Luis Bertrán como un mandato que no podía desobedecer y por ello, cuando supo que había una parte del mundo que necesitaba el mensaje de Cristo, sintió que la fuerza del Espíritu Santo le impulsaba con ardor misionero a anunciar la salvación en lugares lejanos. En el año de 1562, fue enviado a predicar el Evangelio a América y llegó al puerto de Cartagena de Indias. Entre los santos que vinieron a América, nadie como este fraile austero, radical, orante, penitente y misionero. A pesar de tener una salud débil, ello no fue obstáculo para que sus pies llevasen la noticia del amor de Dios a estas tierras, por aquellos tiempos llamada Nueva Granada. Atravesó el mar que nos distancia de la Europa que lo vio nacer; atravesó selvas, entró en esos terrenos donde nunca se había proclamado a Jesucristo, y a fuerza de oraciones, penitencias, rectitud de vida, milagros y sobre todo poder del Espíritu Santo, evangelizó y bautizó a muchos, como Cristo había pedido a sus discípulos.

Hoy nuestra Provincia, con sus aspirantes, prenovicios, frailes novicios, frailes estudiantes y frailes solemnes de pocos o muchos años se puede preguntar: ¿qué hizo Luis Bertrán en la Orden de Predicadores? La respuesta es clara: Predicar; él es un hombre centrado en esta tarea y no en otra. Su corazón, radical en el amor a Cristo, le mueve a embarcarse hacia un mundo desconocido, en que le aguardan lenguajes incomprensibles, el azote de un clima implacable, amenazas de todo género para su salud y su integridad. Pero San Luis no se acobardó, claramente fascinado y enamorado de tan noble misión emprendió caminos desconocidos con el deseo que Jesús fuera conocido. Esa pasión por el Evangelio, ese deseo de que la Palabra de Dios llegara al corazón de las personas, hizo que nuestro hermano siempre y en todo se centrara simplemente en Jesús. Y ese es su primer y principal legado para nosotros: una vida centrada en Jesús y en el anuncio del Reino.

Sin duda, la enseñanza mayor que nos deja como herencia el patrono de nuestra Provincia es su pasión por dar testimonio de Cristo con obras y palabras. Debemos ver el futuro con una sola esperanza: llegar a ser todos y en todo genuinos predicadores, es decir, anunciar la alegría de Dios Padre, que se siente feliz cuando encuentra a sus hijos alejados, a la manera de la mujer que desbarata su casa para encontrar la moneda extraviada y del pastor que encuentra a la oveja perdida; es la alegría de un Dios que sale al encuentro de quien en otro tiempo le ha defraudado, para perdonarle y abrazarle, es la alegría misma del Evangelio.

Cuando hablamos del Evangelio, es importante ir a lo esencial: el gran amor de Dios hacia nosotros, la vida apasionante de Cristo que nos transforma y la actuación misteriosa del Espíritu que nos lleva a servir por amor y con amor. Evidentemente, el predicador que sólo repite textos, o que se limita a predicar valores humanos genéricos, no convence a nadie, si de verdad estamos hablando de ganar gente para Jesucristo. Es necesaria ante todo la fe en la Palabra de Dios, estar convencidos de ser religiosos como lo estaba San Luis en su tiempo y en su misión de evangelizar. Para alcanzar este tipo de radicalidad, primero es necesario que la Palabra quede grabada en aquellos que la predican y la dan a conocer. San Luis Bertrán, como nuestro Padre Domingo de Guzmán, era un Evangelio Viviente: su vida fue una página viva del Evangelio, y nosotros no debemos conformarnos con menos.

2. Señales poderosas que respaldan la predicación de los que son enviados.

2.1 Echarán demonios: luchar en contra del poder del maligno que destruye la vida. En su ministerio público, Jesús se ha acercado a personas concretas que viven situaciones particulares de dolor, de opresión y de tristeza. La misericordia lo movía a ponerse de parte de los más necesitados para ayudarlos. Esta gracia de liberar es dada a los que creen y el que anuncia a Cristo tarde o temprano se enfrentará con las fuerzas del mal. En la vida de San Luis es bien conocido el momento donde un encomendero quiso matarlo por defender a los indígenas radicalmente de las injusticias, pero al dispararle, su arcabuz se convirtió en un crucifijo, este es el milagro que más puede observarse en las pinturas que se han hecho del protector de nuestra Provincia, por ejemplo, en el pincel de Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos. Ese milagro lo necesitamos hoy en nuestra Provincia, es un llamado muy claro para deponer nuestros arcabuces de odio, división o enemistad, que por la fuerza de la oración y por la gracia del Evangelio han de llegar a ser señales que hablen del amor de Dios en un país que busca la paz y la unidad.

2.2. Hablarán lenguas nuevas: la gracia de comunicar el lenguaje del amor de Dios. Quizá nuestro lenguaje parece, a veces, tan desabrido porque no estamos todavía suficientemente convencidos de la hermosura de la fe y del gran tesoro que tenemos, y nos dejamos fácilmente aplastar por el ambiente hostil que enfrentamos, es decir, por los escándalos dentro de la Iglesia o por la sociedad que cada vez es más laicicista. Más si alguien habla desde la alegría de haber encontrado a Dios en el fondo de su corazón, y si su vida sólo resulta explicable desde ese encuentro, entonces bien puede pasar que conmueva a los demás con la fuerza de su palabra y del testimonio de consagrado fiel. No hace falta, no es lo principal, que sea un brillante orador o que esté colmado de muchos títulos. Él habla sencillamente y tiene la autoridad de quien vive lo que dice con sencillez y con pasión del Evangelio. Lo que atrae más en nuestros días, no es la erudición o el puesto que uno tenga, sino la sinceridad de una vida de cara a la vocación a la que ha sido llamado.

No existen fórmulas fáciles para llevar a cabo la misión que la Orden nos encomienda. Si deseamos ganar personas para Cristo debemos estar dispuestos a "crucificar" nuestros planes, nuestras ideas, nuestros gustos, nuestras inclinaciones, nuestra comodidad, nuestro prestigio, nuestras ambiciones y deseos de poder en las obras de la Provincia. El papa Francisco nos ha venido diciendo que la mundanidad y un testimonio inadecuado han hecho daño a la Iglesia, un daño que ha destruido a muchas personas. La falta de coherencia entre el mensaje que predicamos y la vida que llevamos nos obliga en ocasiones a callarnos ante la injusticia que vemos con claridad. Y hoy más que nunca la gente busca coherencia y autenticidad personal: la luz no puede seguir sepultada bajo de pecados y fragilidades, es para que brille con la fuerza liberadora de Jesucristo.

2.3. Agarrarán serpientes y el veneno no les hará daño: vencer las astucias del demonio y no temer sus ataques. San Luis Bertrán fue víctima de atentados tanto de los españoles como de los indígenas. Al ver que su ministerio era eficaz hubo personas que intentaron envenenarlo, y eso en más de una ocasión; pero la Providencia de Dios no solo le dio la victoria al santo sino que muchos indígenas llegaron a convertirse, porque sabían que una porción mínima de cierto veneno, que extraían de serpientes espantosas, era suficiente para acabar con la vida de una persona; le dieron entonces una copa de ese veneno, engañándolo, y no murió; en otra oportunidad, un cacique le dijo que creería en Cristo si era capaz de resistir un veneno que él le prepararía. Hizo fray Luis la señal de la cruz sobre la copa y bebió de un trago aquel veneno mortal. Y a continuación pasó a ocuparse de lo que había que hacer para bautizar unos cuantos cientos de indios asombrados y convertidos.

Esta señal mostraba la protección divina en el servicio al Señor y en el cumplimiento del deber. Cuando el Señor envió a los mensajeros del Evangelio, les dio la facultad de realizar diferentes milagros que les habían de servir de credenciales. Entendemos que esto fue totalmente necesario, puesto que de otra manera habría sido muy difícil, sino imposible, que las personas que escuchaban el evangelio en las diferentes partes del Imperio Romano se interesaran por un Mesías crucificado en Jerusalén. El Señor conocía muy bien cuán grandes eran las dificultades de la obra que acababa de encomendarles. Sabía qué combates tan terribles tendrían que enfrentar contra el paganismo, el mundo y el mismo Satanás. Por esta razón concedió a los apóstoles diferentes dones especiales que servirían para llamar la atención y convocar los corazones a la gracia del Evangelio que predicaban.

Hoy tendremos que preguntarnos, muy en particular, sobre un veneno que se está esparciendo en los jóvenes y en las familias: la ideología de género. ¿Será que estamos acobardados frente a esta avanzada mundial de dañar a la juventud, de destruir la fe y de hacer apología del aborto, que en el fondo impide llevar al corazón humano la verdad de su Dios y Creador? Tenemos la fuerza del Evangelio y la misión nuestra es hacer brillar la gracia del amor de Dios que libera al ser humano de la esclavitud.

2.4 Impondrán las manos sobre los enfermos y éstos quedarán sanos: misericordia hacia los enfermos que necesitan el poder consolador de Jesús.

No fue muy largo el tiempo de San Luis en las tierras de la Nueva Granada, pero fue suficiente para realizar una tarea excepcional en la predicación del Evangelio y para obrar milagros donde quiera que pasaba. Su camino y su palabra fueron una presencia viva de Jesús. No evitemos el asombro: los mismos dones de los apóstoles, como los describe San Marcos, están en el auténtico ministerio mesiánico de nuestro patrono, a su paso entre los indígenas. Cuando San Luis presentaba el Evangelio, no comprometía la libertad de su predicación para halagar a los oyentes españoles o para evitar conflictos frente a las arraigadas creencias idolátricas de los indígenas, lo mueve llevarlos a la verdad, al pleno conocimiento del Evangelio y esa fue su alegría plena.

Debemos recordar algo: dejar que otros vean a Jesús a través de nosotros es una de las mejores maneras de permitir que el Evangelio sea sanador y liberador ante las necesidades del prójimo. El Papa Emérito Benedicto XVI se expresa en términos concretos: “Mi prójimo es cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar, requiere mi compromiso práctico aquí y ahora. Jesús se identifica con los pobres: los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, enfermos o encarcelados. Amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios .

3. Un santo que nos interpela y nos inspira. San Luis Bertrán fue un pilar de la renovación de la Orden Dominicana, tanto en su país como en los conventos que también nacieron en esta América. Su testimonio y su mensaje no pierden actualidad, el ardor de su corazón generoso y radical nos inspira en estos tiempos que vivimos.

Por ello le clamo a Jesucristo vivo que no nos dejemos hundir en las aguas cenagosas de la superficialidad, la mundanidad o la división o el revanchismo, sino que, bien atentos al poder de la gracia divina, lleguemos a ser reflejo de su amor en cada una de las obras apostólicas de la Provincia y seamos hermanos predicadores de la verdad.

Pido la intercesión de la Virgen María, nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, en este tiempo del Centenario de su Coronación como Patrona de Colombia, para que nos proteja y nos anime en la misión de predicar el Evangelio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Amén.

fr. Said LEÓN AMAYA, O.P.
Prior Provincial
Bogotá, 9 de octubre de 2018


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