Dominicos y Franciscanos celebramos El Padre Común
en la Solemnidad de Santo Domingo de Guzmán
Convento Enrique Lacordaire de Medellín

| agosto 22 •  Fr. Ángel Orlando Rojas Fino O.P |

“Tú eres mi compañero; conmigo recorrerás el mundo. Establezcamos entre nosotros un compromiso de colaboración. Seamos fieles a Cristo, y no habrá adversario que pueda vencernos”.

Florecillas Franciscanas

Reunidos en comunión, después de haber celebrado con júbilo el encuentro de la Familia Dominicana de Medellín el día 7 de agosto, con la participación de trecientos setenta y cinco (375) hermanos y hermanas de las nueve (9) congregaciones dominicanas que hacen presencia en Antioquia, con sus diferentes grupos laicales; los frailes nos reunimos para agradecer a Dios por el Carisma inspirado a Santo Domingo.

Renovados en la Esperanza, como uno de los frutos del Centenario de la Coronación de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinqurá, tan próximo para cada uno de los frailes, sobre las 7:30 a.m,  todos de Blanco & Negro, nos dispusimos a elevar la acción de gracias a Dios por Nuestro Padre, junto con nuestras familias. Con el Oficio de Lecturas y las Laudes, recordamos la pasión por la Verdad que movió a nuestro Padre Domingo a movilizar su propia vida por el Evangelio, y a integrar a los hermanos en el ministerio apostólico de la Predicación. Con el canto solmene del Oficio Divino, y retomando la exaltación del Te Deum O.P. cada uno se dispuso para acoger a los hermanos y hermanas que en el transcurso del día nos Reuniríamos en Comunión para reconocer nuestra Identidad Dominicana, recargados con la fortaleza de la oración común.

Haciendo viva la tradición de la Orden incoada en relato del encuentro de nuestro padre Domingo de Guzmán y muestro padre Francisco de Asís en Roma en el siglo XIII, a las 11:30 a.m los frailes del Convento Enrique Lacordaire, nos dispusimos para recibir en la Parroquia Santo Tomás de Aquino, a los hermanos que comparten el Carisma Franciscano: a la Orden de Frailes Menores de la Fraternidad de San Benito y Universidad San Buenaventura junto con el postulantado; a la Orden de Frailes Menores Conventuales; a la Orden de Frailes Menores Renovados; así como a los hermanos misioneros de Yarumal, padres Javerianos y  sus formandos; a los Padres Vicentinos junto con sus seminaristas; a los sacerdotes del arciprestazgo de San Mateo y al cuerpo administrativo de la Universidad Santo Tomás Sede Medellín y varios familiares de los frailes del Convento.

A las 12:00 del medio día,  cuarenta (40) sacerdotes presididos por el señor Obispo Emérito de Tumaco, Monseñor Gustavo Giro Higuita, de la Orden de los Carmelitas Descalzos, iniciamos la celebración eucarística acompañada por el coro del Postulantado Franciscano San Pablo Apóstol, veintisiete jóvenes en formación que robustecieron la liturgia con melodías y prosas dispuestas para resaltar las virtudes de nuestro Padre. Significativo gesto que llenó de sensibilidad y emotividad el transcurso de toda la celebración. Con el servicio al altar prestado por los hermanos misioneros Javerianos de Yarumal, rendimos honor y gloria a Cristo que llenó a Domingo de celo apostólico y de amor por la Predicación itinerante del Evangelio.

La liturgia de la Palabra fue –en palabras que quieren expresar gratitud– hermosamente reflexionada y ampliada con la predicación de fray Segundo Arcenio Anacona Becerra, O.F.MConv., que recordándonos la vitalidad de la tradición de nuestras Ordenes, recita una estrofa del himno a Domingo en el Breviario Propio de la Orden de Frailes Menores:

“La Iglesia resplandece como aurora
luz sobre el Monte, huerto florecido
exulta con los hijos robrados
da a la vida la sal del regocijo”

Sin duda, temas fundamentales que el Evangelio de Mateo resalta y sobre los cuales versaría su homilía:

“Sal y Luz del evangelio para celebrar hoy la Solemnidad de Nuestro Padre Domingo de Guzmán.

Sal y Luz para reconocer los pies del mensajero que anuncia la Paz novedosa de la verdad y la victoria del consuelo de Dios.

Sal y Luz que han hecho de santo Domingo el genio de la Verdad humana y divina, porque estudió la voz de Dios y porque oró, es decir, vio (orar es un manera de ver) los signos de los tiempos.

Sal y Luz del Evangelio que hoy nos permiten recordar la simplicidad de un encuentro entre la humildad de San Francisco y la caridad de Santo Domingo; un encuentro casual en Roma hacia 1221, que para nuestras Ordenes se ha convertido en un acontecimiento de singular importancia a través de la Experiencia del abrazo fraternal y de mutuo reconocimiento de la influencia de Dios en la vida de estos dos mendicantes.

Es la teología de un encuentro, de un abrazo, la teología de una amistad que hoy interpela nuestra experiencia fraterna, llamada siempre a ser Sal de la Tierra.

En la antigüedad, la sal gozaba de un gran aprecio; una antigua tradición Siria, dice que los hombres aprendieron de los dioses el uso de la sal.

En la Antigüedad uno de los símbolos vinculados a la sal era también la creación y la conservación de los lazos de amistad y de fraternidad: comer juntos pan y sal creaba y consolidaba los lazos de amistad.

Cicerón en el dialogo sobre la amistad afirma que “deben ser compartidas muchas comidas con sal para que se haya cumplido cabalmente con el deber de la Amistad”.  “Compartir la mesa y la sal es la mejor manera para reconocer la verdadera amistad” dice Filón de Alejandría.

Cuentan las Florecillas de San Francisco que en el Capítulo de las Esteras donde se reunieron cinco mil (5000) frailes en el valle de la Porciúncula en torno a San Francisco; Pasó por allí Santo Domingo –de Borgoña a Roma–… “No hay duda de que Dios los cuida y yo no lo sabía” –afirmaría Domingo– son las buenas obras que brotan de la fraternidad, las que dan sabor a la tierra y que también iluminan el mundo.

La luz es uno de los atributos de Dios más frecuente en la Biblia y está en relación con la Salvación: “El Señor es mi luz y mi Salvación” (Sal 27) “El pueblo que habitaba en tiniebla ha visto una gran luz”.

Luz y Testimonio son elementos fundamentales en la vida del discípulo y por el mismo del fraile. La luz es una prolongación de las bienaventuranzas, la fraternidad caracterizada por la felicidad del Reino celestial, debe irradiar Luz; se debe apreciar desde lejos, como una ciudad en la cumbre de un monte.

En la Teología Dominicana “La conversión es un problema de luz, de iluminación” –dice fray Felicísimo Martínez–, los hermanos dominicos han hecho profesión de predicadores, profesión de la verdad, profesión de la Luz.

Por lo tanto, dominicos y franciscanos, todos hemos hecho profesión de Luz y Sal, por cuanto hemos de ser útiles, visibles y expansivos como la luz –como la luz de una lámpara– pero también, a los mejor, secretos e invisibles –recordando las palabras del Bautista– “Que yo disminuya para que Él crezca”; casi imperceptibles pero eficaces, como la sal en las comidas en su justo equilibrio. Paz y Bien”.

Una vez terminada la homilía, Monseñor Gustavo Girón, O.C.D., nos recordaba cómo la espiritualidad del Carmelo Descalzo fue impregnada por la Orden de Predicadores, gracias a la consejería que tantos frailes prestaron a Santa Teresa de Ávila, por cuanto su presencia es una acción de gracias con la Orden Dominicana en virtud del apoyo de los hermanos en todas las instancias de la historia de estas comunidades en Europa y América. Igualmente resaltó la acción misionera y evangelizadora de Dominicos y franciscanos en américa, Asia y la misma Europa desde su fundación hasta nuestros días.

Orando por la Familia Dominicana, por la comunidad local y por las vocaciones, ofrecimos una plegaria por el sacerdote Bernardo Botero S.J. qué tras confirmar su participación en la celebración a nuestro padre Domingo, se vio gravemente afectado de su salud en ese mismo día –Ésta casa Pedro Arrupe, de la Compañía de Jesús se encuentra en la jurisdicción parroquial de Santo Tomás de Aquino, unidos por su pronta recuperación–.

Ofrecidos el Pan y el Vino Eucarísticos, y después de que cada uno de nuestros invitados hubo comulgado, procedimos a la presentación de cada una de las comunidades presentes, desde los Carismas Franciscanos, pasando por los Institutos Religiosos masculinos de la jurisdicción parroquial, hasta la presentación de los Administrativos de la USTA Medellín, la comunidad Conventual  y de nuestras familias que reconocieron otro elemento de nuestra riqueza litúrgica y fraterna, pues con ésta celebración finalizó el encuentro de familias del  Convento Enrique Lacordaire 2019.

Con el último discurso del Prior Conventual, Literalmente hablando,  y haciendo gala de aquél Capítulo de las Esteras que rescatan las Florecillas de San Francisco, en esta ocasión doscientos (260) hermanos compartimos lo que la Providencia generosamente nos ofreció. El Asado, dispuesto por Fray Rubén Darío, y el servicio de cada uno de los frailes de casa, nos permitió entablar conversaciones llenas de la alegría que caracteriza la fraternidad franciscana, vinculada a los laicos de nuestra Universidad y la de nuestras familias.

Sobre las 4:00 p.m. el Convento Enrique Lacordaire, agradecido con Dios por el Amor con el que renueva los procesos de nuestra comunidad dominicana de Medellín, se dispone para dar continuidad a las jornadas conventuales atendiendo a las familias de los hermanos que aún se encuentran en casa.

 

"Predicar siempre, en todas partes y en todos los sentidos"

Santo Domingo de Guzmán

En el sitio web oficial de los dominicos colombianos, queremos llevar a cabo la misión de Domingo: el deseo de proclamar valientemente a Dios, de construir la vida comunitaria y de buscar la verdad en el mundo.

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