Los números y las celebraciones. A propósito de un Centenario Mariano

julio 02 DE 2019 • Fr. Pedro José Díaz Camacho, O.P.  |

Antes de  que Gabriel García Márquez hablara de cien años de soledad, existieron las centurias y los centuriones, como unidad política y administrativa, en la cultura romana; los ciclos de cien años se denominaron como siglos en los distintos calendarios, y un gusano con características de lombriz se le conoció como el “ciempiés”; por otra parte, la numerología le ha dado especial  importancia y valor simbólico a algunos números y a distintas series numéricas, como a las centenas, conjunto de cien unidades, y como sucede con la generación de los denominados “centenialls”. El milenarismo combina las centenas con las decenas dentro de este particular dinamismo simbólico.

El refranero nos dice irónicamente que Ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón, y también nos recuerda que No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. Sabemos que un centavo o un céntimo ha sido una fracción monetaria común en distintos sistemas monetarios y contables, y cuando se habla de un centenar, se quiere indicar una gran cantidad de objetos, personas o acciones.

Existen también algunas instituciones que mantienen el nombre de “El Centenario” porque, en su momento, conmemoraron cien años de algún hecho importante, y así esta denominación se convirtió en una referencia fundacional y recordatoria. En algunos casos se ha hablado de la “generación del centenario”, en referencia a personas asociadas al recuerdo de hechos históricos significativos para una región o un país.

En efecto, el hombre, a través de la historia en las distintas culturas, ha atribuido una significación especial a algunos números y series numéricas, recordando y celebrando las fechas importantes en los ritmos de la vida personal, en el acontecer institucional y social, como sucede en los aniversarios, efemérides, ciclos, períodos, calendarios y demás componentes y estructuras numéricas que rigen la vida, las acciones, los acontecimientos y el transcurrir de las instituciones y comunidades, y de la misma historia de la humanidad, ya sea  que tengamos una concepción circular, o lineal o espiral del tiempo y de la historia. Entre estas series numéricas, suelen ser importantes y simbólicos los centenarios, aunque quienes los celebran no suelen llegar a vivir cien años; son celebraciones retrospectivas. Podemos decir con Santo Tomás: Hic numerus aliquid mystice signat. Este número tiene algo de misterioso…

La renovación de la imagen de la Virgen del Rosario de Chiquinquirá, hace años cumplió y celebró cuatro centenarios (1586-1986), y su coronación y proclamación como Reina y Patrona de Colombia cumple cien años (1919-2019), es decir, una centuria. Se trata de un centenario que ha sido preparado y programado con una serie de actividades misioneras, pastorales, sociales y culturales, lideradas por los frailes dominicos, que han involucrado a gran parte de la población y regiones de Colombia, como una irradiación evangelizadora desde el Santuario Mariano de Chiquinquirá, que recuerda el 9 de julio de 1919 cuando la venerada imagen fue coronada en esta fecha que coincidía, además, con el primer centenario de la independencia colombiana, en un acuerdo de voluntades entre los frailes Dominicos, guardianes del santuario mariano, la Conferencia Episcopal y el gobierno de Colombia, coronación realizada en la capital colombiana después de una larga y piadosa peregrinación por distintas poblaciones de Boyacá y Cundinamarca.

Al recordar y celebrar este centenario mariano, podemos decir que la mejor corona que se puede ofrecer en esta ocasión de piadosa conmemoración a la imagen de María es la persistente devoción a la “Reina de todo lo creado”, como se la invoca en el quinto misterio de gloria, y el seguimiento de su ejemplo como discípula de su Hijo.

En este tipo de recordaciones y celebraciones, solemos ser más adictos a los múltiplos de tres o de cinco, pero en la numerología social también es muy importante el número cuatro, y sus derivados, como ocurre con los cuatro puntos cardinales, la proliferación de cuadrúpedos, los cuatro componentes físicos de los antiguos griegos (tierra, agua aire y fuego), las cuatro estaciones que rigen los climas y las fases de la luna, la era cuaternaria, los cuatro evangelios y sus cuatro emblemas representativos (león, hombre, toro y águila) como expresión de la totalidad, o las cuatro etapas tradicionales de la vida humana (infancia, juventud, madurez y vejez) o la cuaternidad de funciones de la conciencia (pensamiento, sentimiento, intuición y sensación) expuesta por C. G. Jung  (1875-1961), o las etapas esenciales en el desarrollo del ánimus que  el mismo Jung señalaba representadas por las figuras de Hércules, Apolo, el Sacerdote y Hermes. Según nos vamos preocupando por nuestra apariencia y cómo se ve nuestro cuerpo, salir a conquistar el mundo y hacer las cosas de la mejor manera posible, buscar mejores resultados porque se quiere más y marcar la diferencia, y luego descubrir que somos más y podemos más.

En este contexto simbólico de la numerología, es muy significativo el número cuarenta, que en los casos de la edad de las personas genera algunas hilaridades, rubores y aprensiones si hablamos de cuarentones y cuarentonas. Pues, la Maestría en Psicología Clínica y de la Familia es una cuarentona que, como tal, ha superado las etapas evolutivas de su desarrollo y consolidación y tiene bastante qué mostrar con consistencia y suficiente futuro así como la debida fortaleza para seguir aportando a la ciencia y a la sociedad.

Podemos decir con Santo Tomás: Hic numerus aliquid mystice signat. Este número tiene algo de misterioso….

En efecto, las narrativas bíblicas parecieran haberse apropiado del valor simbólico del número cuarenta en el desarrollo de sus múltiples historias porque nos hablan con mucha frecuencia, por más de cien veces, de cuarenta años, cuarenta días, cuarenta generaciones, con sus ayunos y tentaciones, con sus diluvios y reconstrucciones, sus desiertos y liberaciones, sus exilios, esperas y retornos, sus guerras y reinados, y hasta de cuarenta azotes menos uno que le dieron a San Pablo en alguna oportunidad…

Muchas felicitaciones y parabienes a quienes han hecho posible y siguen haciendo transitar este programa de Maestría por el calendario académico, formativo, investigativo y de servicio a la sociedad en torno a las cuestiones complejas, sistémicas, clínicas y de la familia por su participación en este emblemático programa en esta primera cuarentena de años, con su simbolismo constitutivo.

Felicitaciones a los de ahora, a los de antes y a los de siempre y hasta siempre.

PJDC / Bogotá, octubre 27 de 2017

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